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Nota previa: Este artículo fue publicado en el año 2000. En la actualidad tengo dudas sobre algunas de las afirmaciones que entonces escribí; pese a ello, he preferido mantener el texto original y realizar comentarios (en negrita) donde sean pertinentes.

El divertimento en que a veces se convierte la Historia deriva en pequeñas interrogantes que acaso de cuando en cuando hallan respuesta. Una de esas interrogantes me salió al paso hará dos años al leer un documento del Ayuntamiento de Corao que hacía referencia a la reparación del puente de Llamarez. Este lugar era para mí desconocido y ninguna de las personas a las que consulté supo darme razón de él. Tiempo más tarde, leyendo las comprobaciones del Catastro del Marqués de la Ensenada que amablemente me proporcionase D. Celso Diego Somoano, vuelvo a encontrarme con este topónimo del que aquí tratamos.

En 1761 se realizan estas comprobaciones, que no son otra cosa sino la ratificación por los vecinos de las relaciones dadas en el año 1752 en las que facilitaban su status personal y material, al tiempo que los justicias y peritos del concejo respondían a las cuarenta preguntas del Real Interrogatorio. En este año 1761, raro es el vecino de Corao que no declara desfalcos en el valor de su hacienda, ocasionados por la crecida del río de Llamarez que arrasa tierras y árboles. Resultan esclarecedoras las anotaciones alusivas a Joseph Castaño Alonso, que advierte la pérdida de una heredad de cuarto de día de bueyes en la ería de San Nicolás, por habersela llevado dicho río, o las que se refieren a Antonio de Intriago al que arruinó un día de bueyes y cincuenta avellanos, también en la ería de San Nicolás. Sabido esto, fácil es deducir que el río de Llamarez no puede ser otro que el actual “ríu Chicu” que atraviesa la citada ería. El río Güeña, el otro río de Corao, es conocido a lo largo de la historia con distintos nombres: Onna, Uuenna, Bueña, Hueña, en manifiesta evolución que culmina en el topónimo actual y que elimina cualquier atisbo de duda al respecto de su identificación. Delimitado el lugar, o por mejor decir el curso fluvial, nos corresponde ahora retrotraernos en el tiempo para conocer otro escrito en el que aparece nuestro topónimo.

En los folios 40r y 41v del Libro de los Testamentos de la catedral de Oviedo, figura un documento con estructura de falso real fechado el 23 de septiembre del año 926, por el cual Ramiro II, hijo de Alfonso III y Jimena, confirma las donaciones de sus antecesores a la iglesia de San Salvador de Oviedo, concediéndole a su vez numerosas localidades. Francisco Javier Fernández Conde en su estudio crítico sobre el Libro de los Testamentos (Roma, 1971), dice que “ante las incongruencias y anacronismos, consideramos este documento como una clara falsificación de la oficina diplomática pelagiana”. Pelayo, obispo de Oviedo (1101-1130), importante figura de la historia eclesiástica medieval e historiador, nos legó el llamado Corpus Pelagianum, un conjunto de obras que fueron compuestas o copiadas en su scriptorum, entre las que destaca su obra más significativa, el Liber Testamentorum, escrito durante los últimos años de su episcopado. Al referirse al territorio de Cangas de Onís, escribe:

Ecclesiam Sancte Eulalie de Uedammio per suos terminos, per fauze de Transcollo, per flumine Onna, per bolatum, per illa coua, per Transosso, per uilla de Castello, per fonte de Tapone et figit unde prius diximus, intus integrum; et foras ecclesiam Sancte Eugenie cum suis adiacentiis; secus Lamareza sernas magnas.

Texto que podemos traducir así: La iglesia de Santa Eulalia de Uedammio por sus términos, por la hoz de Transcollo, por el río Onna, por bolatum, por su cueva, por Transosso, por la villa de Castello, por la fuente de Tapone y como dijimos al principio, todo integro; y fuera, la iglesia de Santa Eugenia con sus adyacentes; junto a las grandes sernas de Lamareza.

Casi novecientos años después, muchos de los topónimos citados son de fácil identificación. Evidentemente, la iglesia de Santa Eulalia es Abamia, que a lo largo de los siglos conoció diversos nombres. Transcollo se reconoce en la huerta de Trascuello, próxima a la iglesia y que formaba parte de los mansos de su fábrica. El río Onna, es decir Güeña, la cueva, la fuente de Tapón, en la ería de su nombre en el Cueto de Abamia, son parte característica de nuestro paisaje. La villa de Castello, en la que es primera referencia escrita a un núcleo poblacional de la parroquia, no puede ser otra que el actual Corao Castiellu.

Lamareza_toponimia

Pongo en entredicho esta afirmación mía. Los topónimos citados y reconocidos se encuentran todos en la margen meridional del río Güeña, muy próximos a la iglesia de Santa Eulalia de Abamia. Pudiera ser que la villa de Castello también se hallase situada al sur del río. Habríamos de pensar, entonces, en el mismo Cuetu de Abamia o en Teleña, con su ería de Castro (observación que debo a Gausón Fernandi, de la Fundación Belenos)  Del mismo modo, al mencionar la cueva quedaba implícita, y ese era mi pensamiento, la referencia a la Cueva del Cuélebre o Cuh.erreru, excavada por Frassinelli en el siglo XIX, en la margen norte del río, obviando la existencia de la Cueva Oviedo, a unos centenares de metros de Abamia, en la margen sur.

Y además, se atestigua en el Libro de los Testamentos, la antigüedad de Santa Eugenia, que como podemos ver ya existía en el siglo XII, para satisfacción de algún conspicuo vecino de Sobrecueva. Quedan por descifrar el topónimo Transosso y la expresión per bolatum, que bien pudiera referirse a un lugar de tierra bolar, aquella de que se hace el bol (arcilla rojiza usada en medicina, en pintura y como aparejo en el arte de dorar).

No hubiera sido necesaria tan peregrina explicación si hubiese sabido, como  procedía, de la existencia del sitio del Bolao, muy próximo a Abamia, unos 300 o 400 metros en línea recta, junto a la capilla de Santu Medero, en el lugar de Isongu.

Es, sin embargo, la última frase del texto analizado, la que resulta de fundamental interés para este artículo: secus Lamareza sernas magnas. De nuevo Llamarez, pero esta vez con un aporte de información suplementario: es un lugar de tierras de labor, de grandes sernas, un lugar que en nada desdice de la vega en la que se asienta el actual Corao.

Avalado el perfecto conocimiento del lugar que tenía el autor del documento transcrito por todas estas identificaciones, nos permite, en esta certeza, elaborar algunas conclusiones que pasamos a exponer:

1.ª- Hasta 1821, al menos, el “ríu Chicu” se llamó río Llamarez. Apenas veinte años después, Pascual Madoz, en su diccionario, ya lo cita con su nombre actual.

2.ª- La fértil vega donde hoy se asienta Corao, era conocida en el siglo XII por el nombre Lamareza, un lugar de grandes tierras de labor bañado por el río Llamarez.

3.ª- Ignoro si por entonces ya existía algún tipo de asentamiento en el lugar, pero entiendo que el topónimo Corao es posterior al episcopado de Pelayo (1101-1130), pues no parece probable su omisión, dada la exactitud de la reseña geográfica, amén de citarse la villa de Castello sin mención alguna a él. Quizá designase un lugar menor.

El topónimo Corao es vadiniense, como demuestra David Martino al hablar de la estela de Tridio Quieto en su artículo “Nuevas aportaciones al Corpus Epigráfico Vadiniense”, publicado en Veleia, núm. 31, Vitoria, Universidad del País Vasco, 2014, pp. 199-211. Por si fuera poco, la arqueología ha demostrado la existencia de Corao en época tardorromana y medieval. Véase: Requejo Pagés, Otilia & Gutiérrez González, José Avelino, “El asentamiento alto medieval de la vega de Corao (Cangas de Onís, Asturias, España)”, en Quirós Castillo, Juan Antonio (ed.), The Archaeology of Early Medieval Villages in Europe, Vitoria, Universidad del País Vasco, 2009, pp. 167-180.

Francisco José Pantín Fernández

Artículo publicado en el Boletín de las Fiestas de Nuestra Señora, Corao, Asociación Cultural y Recreativa Abamia, 2000.