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LuisGarciaPerez

Peruyes (Cangas de Onís), 21 de noviembre de 1908[i] – Bilbao, 2 de junio de 1987. Pintor.

La presencia puntual del pintor Luis García Pérez en las páginas de la revista Nortefundada y dirigida por Alfonso Camín, el retrato que le hizo y los de otras personas que formaban parte del círculo de amistades y conocidos del poeta, como el de la esposa[ii] del empresario José Simón Corral, presidente del Centro Asturiano de La Habana, y el de Constantino González, alcalde de Cangas de Onís, revelan el apoyo que Camín dispensó al pintor de Peruyes, cuya personalidad esboza con sintética enjundia: 

     Veinte años. De Llanes (sic). De pequeño garabateaba en los libros de la escuela. Era el mismo “diañu” dibujando “monicacos”, según las viejas de la aldea. A los diez y seis fue a la Habana. No hizo fortuna. Sin embargo, dejó la riqueza de su arte incipiente en las paredes de la casa del patrón. Clases de pintura en el Centro Asturiano. Dos horas ante el lienzo, después de ocho, diez y hasta doce en un mostrador. Todo por el arte. Un día entra en un taller de decoración. Pero el arte en serie le angustia. Con sus ahorros toma un barco, y a España. Trabaja en Barcelona, lucha, pinta, dibuja, sueña. Otra mañana, volando sobre su inquietud, se planta en Madrid. Aquí, entreabiertas las puertas del triunfo, sigue pintando. A nuestro director le ha hecho un retrato. Los lectores verán por la muestra si en este muchacho llanisco no hay un artista magnífico que camina a pasos de gigante por la ruta de los éxitos…[iii]

En 1929, con veinte años y recorrido vital, Luis García Pérez presenta una instancia a la Diputación provincial de Oviedo solicitando “se le conceda una pensión para continuar sus estudios de pintura y dibujo en Madrid, donde actualmente se encuentra”. La solicitud fue desestimada, comunicando al interesado que “puede asistir a las oposiciones que oportunamente se señalarán, si se halla en condiciones de optar a una de las plazas vacantes”[iv].

Aunque desconozco el nexo, sabemos que García Pérez estuvo vinculado a la localidad asturiana de Grado. En 1932, en la sección “Grado …de Sociedad” del diario Región leemos: “Regresó de Madrid el notable paisajista don Luis García Pérez”[v]. Ese mismo año, Alfonso Camín habla de “el hombre de Margolles con raíces en Grado” y, en 1934, La Voz de Asturias anuncia un singular proyecto del “joven y ya afamado pintor gradense” García Pérez, que tiene previsto realizar la composición de un bodegón con productos de huerta cosechados en la vega de Grado. Para ello piensa organizar un concurso dotado con quinientas pesetas en premios para la adquisición de “un pimiento, un tomate, una cebolla, un ajo, un repollo, una berza, una guindilla, una lechuga, un melón y una judía verde”. Dio cuenta de su propósito al alcalde “para que con su autoridad lo organice y determine la fecha y condiciones”. Ignoramos si llegó a celebrarse[vi].

La Voz de Asturias dice que García Pérez es “muy conocido en los medios artísticos de Madrid” y que la prensa madrileña lo elogió cuando dio a conocer sus obras en una exposición organizada por el Círculo de Bellas Artes, en referencia a la realizada en marzo de 1933. Hay otra anterior, en el mismo lugar, de la que nos habla Alfonso Camín en un vigoroso artículo publicado en la revista Norte que, a falta de los cuadros del pintor, nos brinda un brillante y vibrante perfil de la pintura y personalidad de García Pérez y que necesariamente debemos publicar íntegro si queremos que el lector se aproxime al artista que fue.

      Estruendo en el Círculo de Bellas Artes. Dinamita pictórica. Sangre caliente en los lienzos. Un grito de mocedad. Y un grito asturiano: “Echa sidra, Maruxa. Llena la xarra”. Aunque García Pérez, el hombre de Margolles con raíces en Grado, sople en el cuerno de su indignación. Porque García Pérez, siendo un mozo asturiano, en esencia y potencia, pertenece a los horizontes internacionales. Va para ser un pintor de 1940. Su pintura es cruda, rabiosa, violenta. Sus cuadros tienen fondo de noche negra. Pero una noche llena de gritos en la que es una larva el relámpago. Si mira para atrás, sólo alienta en el genio de Goya. Ni el gran empaque velazqueño ni la pintura lamida. Crudeza y desnudez. Dolor andante. Cabalgatas rebeldes de inquietudes crinadas. Eso es, hoy por hoy, la pintura de García Pérez. ¿Adónde va? A la hoguera. Al abismo. A la cumbre. ¡Desdichado de aquel que en materia de arte —poesía, lienzo, escultura—, ya sabe adónde va! Ese se perderá a medio camino. Y no será Pegaso, sino mula cansada la que monte el poeta del color, de la estrofa, de la línea. García Pérez, con su florón de años mozos, cantando como tordos en la frente cimera, no sabe adónde va. No quiere saber adónde va. Colón sabía que se lanzaba por un mundo nuevo, pero ignoraba el sitio, la distancia, lo infinito del mundo que brotaba en las olas. Por eso García Pérez será un gran pintor. Ya es un pintor. Si naufragara, no será dentro de la vulgaridad ambiente. Tendrá otro Lepanto, otro Trafalgar, otro combate del Callao. A él le basta saber de dónde viene. Del dolor, de la ventisca, de la cumbre preñada por el rayo. De la niebla que empolla huevos de águila.

      Yo fío en su juventud y en su paleta nerviosa. Pero no de una de esas juventudes sin juventud. Amaneramiento. Timidez. Cosa bienquista. Pintura adosada al gusto como una corbata al pecho. No. La pintura de García Pérez comienza siendo ya su propio dolor viril, que es todo el dolor de los de abajo. Cierto que tiene también un desfile de retratos donde el brío de la inspiración tiene que andar frenado. Pero se ve en todos el ala rebelde. La luz luciferina, sangrante y clamorosa de las cosas informes de la mañana. Así fue el escándalo de mayúsculo —y escándalo de mayúsculas— que provocó con la simple alegoría de “Cosas viejas” entre las gentes pacatas y constipadas de convencionalismos de las directivas del Círculo. Las autoridades policíacas, tan preocupadas con los pistoleros, se han visto precisadas, con este caso de García Pérez, a montar otro cuerpo de vigilancia. El de la pintura. El cuadro anduvo del Círculo a la Dirección de Seguridad tan al trote, que acabó por no saber si pertenecía a los muros de Bellas Artes o a la de la Brigada de Investigación Policial.

      ¡Y todo ello porque un mozo asturiano de extraordinario temperamento artístico toma unos símbolos de la vida diaria y gregaria! Pero García Pérez no se arredra. No se detiene el viento con una mano. No se para en minucias la galerna. Y eso es García Pérez dentro de la pintura que pugna por sacar la cabeza de entre las algas comunes. ¡La galerna del Noroeste, que, en vez de remos rotos y velas desgarradas, allá va con paletas y pinceles, gritos de luz y sangre de tinieblas, a cosechar racimos de futuro!

      ¡Adelante la galerna asturiana, buen oso asturiano que danzará en Moscú!

      Porque García Pérez es una detonancia submarina. Un buzo del ideal que anda tendiendo cables de llamas entre las mareas de hoy. Y no fracasará. No será vencido por el rinoceronte de la mediocridad. Porque se puede vencer a un hombre lleno de artefactos. Artefactos que pueden ser prejuicios, timidez, fortuna, codicia, vanidad, pecado de soberbia. Pero cuando se va a la lucha desviviendo del color, no hay derrota posible. García Pérez tiene hasta un nombre sencillo. Ni la envidia se dará cuenta cuando penetre en la gloria.

      Pero San Pedro, hombre de grandes barbas teologales, no tragará el anzuelo. Fruncirá el ceño como un gran comisario de las estrellas y preguntará al pintor que lleva debajo del brazo:

      —Una bomba de mano— contestará García.

      Y San Pedro, dejándole pasar, se reirá mucho al ver que es el corazón de Pérez, que, por andar atropellado por la vida y no tener tiempo para nada que no fuera pintar, se le cayó en el camino[vii].

A las seis de la tarde del viernes 24 de de marzo de 1933, Luis García Pérez inaugura en el Círculo de Bellas Artes de Madrid una segunda exposición, de más de cincuenta obras de temática variada según escribe Constantino Suárez. Estuvo abierta apenas diez días, hasta el 2 de abril siguiente, y podía verse todas las tardes de seis a nueve[viii]. La visitan dos importantes críticos de arte y escritores, Manuel Abril y José Francés, que publican sendas reseñas en el diario Luz y la revista Nuevo Mundo. El primero, de modo muy breve, escribe un significativo párrafo que dice:

      Luis García Pérez es un artista singular, que tiene más espíritu que oficio. Ve con implacable crudeza y ejecuta con una reconcentración tan despojada de formulas y modos de pintar que constituye por si mismo un caso de atención y de estudio[ix].

Más extensa es la crítica publicada por José Francés. La pintura de Luis García Pérez le resulta una novedad: “Acaso no hayamos visto antes de ahora ninguna obra suya”; lo que hasta cierto punto es sorprendente, si recordamos la muestra del año anterior. Nos retrata luego al pintor:

      Es un hombre joven, afrontado rudamente por la vida. Viene del Norte, de Asturias, y pone en su arte un esfuerzo latente y rebelde. Se adivina la lucha áspera de cada día, el afán de no dejarse dominar por lo adverso, ni captar por lo lagotero. Equidistante de las voces sirenaicas y de las suertes fáciles. Y así, solitario, empeñado en vivir de su arte y en no someter éste ni a tutelas ni consejos, va realizando una labor generosa, leal y expresiva.

Le parecen demasiados cuadros pero dice que es demostración de la sinceridad arrogante, juvenil, que define a García Pérez. Son retratos de amigos, de conocidos, de los tipos populares que frecuenta, y exhiben “un dibujo de honda huella y de rígido trazo, un color áspero e insometido; pero ¡qué enorme, que convincente verdad humana!”. Alguno, como el del poeta Alfonso Camín, ya es “perfecto”; otros están saturados de “recio psicologismo, de un carácter casi agresivo de tan locuaz”. Son retratos “mil veces más admirables que los aduladores, remilgados y repulidos retratos de pintores de ‘buena sociedad’ y productivo renombre. Infinitamente más cordiales que las arbitrarias elucubraciones plásticas de los que fingen despreciar el dibujo honesto y la visión real”. Y en todos ellos se comprende que estamos “frente a un gran temperamento de pintor y una noble rebeldía de hombre”[x].

Quizá estuviese entre los retratos presentados en la exposición del rculo de Bellas Artes el de Constantino González que Norte publica al año siguiente y que reseña del siguiente modo:

      Arte y corazón, fuerza y asturianía. Tal representa este fuerte retrato al óleo de un asturiano, hecho por otro asturiano. Del que puede y del que lucha. Retrato varonil, lleno de expresión bondadosa, de don Constantino González, insustituible y progresista alcalde de Cangas de Onís, obra debida al pincel nervioso, inquieto y arbitrario de García Pérez, mocetón tesonero y artista, nacido en las cercanías de Cangas y Covadonga[xi].

ConstantinoGonzalez

Retrato de Constantino González, por Luis García Pérez

En septiembre de 1933, El Carbayón publica un artículo de Enrique Riestra de la Roza que bebe claramente en los escritos de Alfonso Camín y José Francés, por lo que adolece de un tono continuista en la adjetivación del pintor. Lo visita en su estudio ovetense donde contempla varios retratos de conocidos personajes de la capital, esbozados unos, terminados los demás, que le confirman las alabanzas escuchadas. Más importante es conocer el ideario pictórico de García Pérez, que nos llega a través del periodista:

      Luis García Pérez no pinta para el vulgo, no quiere pintar para el vulgo, aunque su arte quede incomprendido. Y no quiere porque -él lo dice- el vulgo en arte está pervertido: en pintura prefiere las tarjetas postales a los paisajes y las fotografías iluminadas a los retratos; en escultura, escenas tiernas, cuerpos exageradamente correctos, amorcillos de bazar o estatuillas de “biscuit”; en música bailables con estribillo y en literatura las estupideces sentimentales. Por eso él no quiere pintar para una comprensión vulgar; su delicado espíritu no lo permite; su rebeldía pictórica va contra la corriente con impulso arrollador, y poco a poco se abre camino en su trayectoria ascendente hacia la fama[xii].

Contrariamente a lo que pensó José Francés en 1933, seguro de asistir al prólogo de una obra que habría de afirmarse rápida y progresivamente, Luis García Pérez y sus cuadros han desaparecido casi por completo de la historia de la pintura española. En conversación con su hijo Luis he sabido que hacia 1950 se afincó en Bilbao dedicándose al comercio, que realizó retratos del sindicalista Nicolás Redondo y de algunos industriales vascos y que una persistente enfermedad le alejó definitivamente de la pintura[xiii]. En el año 2017, el diario La Nueva España publicó un retrato pintado por García Pérez del futbolista vasco Isidro Lángara vistiendo el uniforme del Real Oviedo, propiedad del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía[xiv], rescatando del olvido, siquiera por un instante, a este desconocido pintor cangués de gran personalidad.

Francisco José Pantín Fernández

Artículo publicado, sin las notas, en: Boletín de Fiestas de San Antonio, Cangas de Onís, Sociedad de Festejos, 2018, pp. 131-135.

[i] Luis Segundo García Pérez era hijo de Joaquín García Álvarez y Elisa Pérez de la Villa, labradores, naturales de Villanueva y Belmonte, respectivamente, lugares del concejo de Llanes y domiciliados en Peruyes, aldea perteneciente a la parroquia de San Martín de Margolles.

[ii] Norte, Madrid, noviembre 1932, año IV, núm. 37, portada.

[iii] Norte, Madrid, noviembre 1930, año II, núm. 13, revista sin paginar. Confunde Camín el origen llanisco de sus padres con su concejo natal. En la gacetilla, incluida en la serie “Asturias en Madrid”, se publican el retrato de Alfonso Camín realizado por Luis García Pérez y la fotografía del pintor que ilustra este artículo.

[iv] Boletín Oficial de la Provincia de Oviedo, Oviedo, núm. 142, 24 de junio de 1929, p. 2. Instancia que había pasado a la Ponencia de Instrucción pública en el mes de marzo. Se dice que García Pérez es natural de Cangas de Onís y residente accidentalmente en Madrid. Vid.:  Boletín Oficial de la Provincia de Oviedo, núm. 88, 18 de abril de 1929, p. 2.

[v] Región, Oviedo, año X, núm. 2.795, 12 de julio de 1932, p. 19.

[vi] “Grado : El pintor Luis García Pérez”, en La Voz de Asturias, año XII, núm. 3.530, 11 de agosto de 1934, p. 4.

[vii] Sánchez de Huelva, Alonso, “Pintura asturiana : Exposición de García Pérez”, en Norte, Madrid, diciembre 1932, año IV, núm. 38, revista sin paginar. La fotografía de García Pérez que publicamos ilustra este artículo. Alonso Sánchez de Huelva es seudónimo de Alfonso Camín. Vid.: Suárez, Constantino, Escritores y artistas asturianos. Índice bio-bibliográfico, Oviedo, 1959, tomo VII, p. 62.

[viii] “Notas de Arte. / García Pérez, en Bellas Artes. / Mañana viernes, día 24, a las seis de la tarde, se inaugurará en el Círculo de Bellas Artes la Exposición de obras del notable artista Luis García Pérez. // Esta exposición podrá visitarse hasta el día 2 del próximo abril, de seis a nueve, todas las tardes”. La Nación, Madrid, año IX, núm. 2.262, jueves 23 de marzo de 1933, p. 10.

[ix] Abril, Manuel, “Artes plásticas”, en Luz : Diario de la República, Madrid, año II, número 381, sábado 25 de marzo de 1933, p. 8.

[x] Lago, Silvio, seudónimo de José Francés, “La semana artística : un nuevo retratista: Luis García Pérez”, en Nuevo Mundo, año XL, núm. 2.039, 7 de abril de 1933, pp. 30-31. Se publican fotografías de tres cuadros pintados por García Pérez: “Retrato del poeta Camín”, “Retrato de mujer” y “Retrato de hombre”, son sus títulos.

[xi] “El arte y la fuerza”, en Norte, Madrid, 1934, año V, núm. 42, revista sin paginar. Número extraordinario dedicado a México.

[xii] Riestra de la Roza, Enrique, “El arte de Luis García Pérez”, en El Carbayón, Oviedo, 7 de septiembre de 1933. Incluye una fotografía del pintor. Recorte en la Biblioteca de Asturias, signatura Ast T.A. Can Pan 14-19.

[xiii] Conversación con Luis García Frade el 20 de agosto de 2017. Un periódico bilbaíno publicó un artículo sobre su padre que no he podido consultar.

[xiv] Corte, Cristina, “Un retrato del oviedista Lángara, joya olvidada en el Museo Reina Sofía”, en La Nueva España, Oviedo, año LXXXI, núm. 26.813, sábado 20 de mayo de 2017, última página. Se trata de un óleo sobre lienzo de 85 por 65 cm, firmado L. García Pérez y fechado en Oviedo el 18 de mayo de 1935.