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Intriago, 23 de septiembre de 1878 – México D.F., 18 de enero de 1962. Labrador, sindicalista agrario, escritor y político. Diputado en las Cortes Constituyentes de la Segunda República española.

Ángel Sarmiento González nace en Intriago, hijo de Manuel Sarmiento y de Ramona González, labradores humildes. Aprende las primeras letras con un maestro que no tenía título y a los trece años sale de su hogar “a servir amo”, trasladándose a Sevilla, donde trabaja como mozo de posada. Su irrefrenable afán de saber le lleva a leer cuanto cae en sus manos. Despierta en él la vocación de ser maestro de escuela, es su ilusión enseñar, “dar facilidades a aquellos que, como yo, quisieran cultivar su inteligencia y salir, por medio del estudio, del ambiente esclavo a que obliga el embrutecimiento”. La traición de un pariente impide su deseo y se plantea embarcar para América. La muerte de una hermana y la súplica de su madre, le hacen regresar a Asturias con unas pocas pesetas, algunos conocimientos y un vehemente deseo de trabajar por la mejora de la clase labradora.

Pasan años en los que se procura una cultura mientras estudia el funcionamiento de las organizaciones obreras de minas y fábricas. Comprende que sólo sobre cimientos solidarios y de clase pueden los humildes llenar sus ansias de mejora social. Autores como Pablo Iglesias y Jean Jaurés y lecturas sobre la organización de cooperativas, en especial de aquellas cuya finalidad es el socorro de los labradores ancianos y sin recursos, se encuentran entre los fundamentos de su labor social y política.

El calamitoso estado de la agricultura asturiana en las primeras décadas del siglo XX configuró una economía de subsistencia en paupérrimas explotaciones familiares y un régimen rentista de tenencia de tierras que condenaba al campesino pobre al arrendamiento en desfavorables condiciones y a la comuña, creando una relación de dependencia que lo ataba al propietario de la tierra, comprometiendo su libertad y favoreciendo el caciquismo. El recurso a la emigración terminó convirtiéndose en solución individual y problema nacional al causar una sangría incesante que privaba a España de su juventud. Frente a la respuesta particular, Ángel Sarmiento y muchos otros labradores, inspirándose en el movimiento obrero, optaron por la creación de sociedades agrícolas en defensa de sus intereses, un proceso tal que entre 1906 y 1933 se crearon en España 8.700 sindicatos agrarios.

Contra la miseria, la incultura y la servidumbre impuesta a los labradores desde su misma cuna, se levanta en 1908 la Sociedad de Labradores “El Despertar”, con sede en Corao. El 28 de mayo de 1908, Ángel Sarmiento González, que venía gestando su organización desde hace tiempo, José del Corro, Roberto Trespando y José García Bustince acuerdan su fundación. Redactan el reglamento de la naciente sociedad y se deciden a dar publicidad a sus ideas. El día 13 de septiembre se reúnen en el Castañéu de Corao cuatrocientas personas, inscribiéndose como socios ciento noventa y seis que eligen la primera junta directiva[i].

La multitudinaria afiliación de labradores a “El Despertar” alarma al caciquismo de Cangas de Onís que reacciona con prontitud, intentando infructuosamente el control de la asociación y propiciando luego la división de los labradores, con campañas difamatorias, compra de voluntades y un intento de soborno a Sarmiento, al que ofrecen una beca de varios años para estudiar agricultura en el extranjero. Siendo insuficientes estos medios, se crea en 1909 el Sindicato Agrícola de Cangas de Onís, de carácter católico, para fomentar la ruptura del frente campesino. Los curas rurales, tutelados por la jerarquía eclesiástica y sostenidos por la burguesía terrateniente y conservadora, serán los principales competidores del sindicalismo laico y republicano, representado en Cangas de Onís por “El Despertar”.

A Sarmiento se le tacha de “propagandista incansable del socialismo” pero ni “El Despertar” ni su más destacado dirigente son socialistas. El sindicato no se adscribe a ningún partido político, aunque se encuentra próximo al reformismo, no en vano algunos de los principales apoyos de Sarmiento, como José Pubillones Rionda, presidente de la Sociedad de Labradores, Elías José Con y Tres, colaborador principal de Sarmiento en su labor cultural y social, y Cándido González, director del semanario “El Auseva”, de Cangas de Onís, simpatizan o participan en el Partido Reformista de Melquiades Álvarez. Pero la idea de Sarmiento es clara: la participación de los labradores en política debe hacerse desde sus propias organizaciones, sin diluirse en las de otras clases sociales. Con voz propia se presentan en las elecciones municipales de Cangas de Onís del año 1910, siendo elegidos, por primera vez, 5 concejales, incluido Ángel Sarmiento.

La Sociedad de Labradores, con Sarmiento al frente, encabeza las reivindicaciones de los campesinos y vecinos de los pueblos del concejo cangués. En 1912 se manifiestan contra la Compañía del Tranvía de Arriondas a Covadonga, a consecuencia de un accidente que causó la muerte de un vecino de Onís y heridas a otras seis personas. Era la culminación de una serie de sucesos ocasionados por el tranvía, sin que la Asturiana Mines Limited, con el beneplácito de las autoridades, hiciese caso de reclamaciones. En respuesta, los actos de sabotaje y descarrilamientos eran frecuentes. El éxito de la manifestación, la primera lucha, en palabras de Sarmiento, forzó a la compañía minera inglesa a un acuerdo.

De más calado fue la oposición al establecimiento del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga que Sarmiento, “El Despertar” y los labradores del concejo de Cangas de Onís rechazaron por temer limitaciones al ancestral aprovechamiento de pastos y bosques de los puertos altos. En la sesión del día 5 de febrero de 1918, la corporación municipal de Cangas de Onís dio lectura al reglamento del Parque Nacional. Los concejales Tejuca y Sarmiento combatieron su creación “por creer que con ello pudieran perjudicarse los intereses ganaderos del concejo, una de sus principales riquezas”, estimando, además, que interpretaban el sentir de la clase labradora canguesa. El pleno municipal adoptó el acuerdo de “no dar su aprobación al expresado reglamento, por los perjuicios que el Parque pudiera ocasionar a la riqueza ganadera”[ii]. Dos meses después, en la sesión del 9 de abril, los concejales conservadores, mayoritarios en la corporación, reniegan de dicho acuerdo, aprobando por unanimidad el expresado reglamento y dando vía libre a la creación del Parque, lo que generó protestas y manifestaciones de los labradores y también de los mineros de Buferrera que culminaron con la quema de la repoblación forestal de la Cuesta Gines, junto al santuario de Covadonga.

El celo proselitista de Ángel Sarmiento, la difusión de las ideas que debían despertar a los labradores y la causa campesina, necesitaban medios de expresión. El Auseva, semanario liberal, luego reformista, editado en Cangas de Onís, publica sus primeros artículos. Crea luego Vida Agraria, boletín de “El Despertar” que se publicará hasta la creación de la biblioteca circulante. En 1912 funda El Aldeano, quincenario que durante tres años será el órgano oficioso de la Sociedad de Labradores. Elías José Con y Tres y Ángel Sarmiento fueron los redactores principales del periódico editado en Corao, fusionado en 1915 con El Auseva. Tras la desaparición de éste, Sarmiento funda El Popular en 1916. El carácter propagandista y divulgador de Sarmiento se manifiesta también en folletos como El seguro obligatorio del labrador (1925), Comentarios a la labor de un Sindicato sobre Previsión (1927) y ABC del campesino asturiano (1933) y en multitud de artículos en periódicos y revistas de la región.

Ángel Sarmiento sabe que sin un cambio profundo en las mentalidades campesinas nada se podrá hacer para superar la miseria, no sólo material, sino moral del labrador español: “El labriego necesita cultura y educación para destruir los resabios en que estaba imbuido”. Para vencer su secular ignorancia, fuente de los males que lo aquejan, “El Despertar” funda una biblioteca en colaboración con la Residencia de Estudiantes de Madrid, con volúmenes de diferentes materias, muchos de los cuales trataban sobre la mejora de la ganadería y los cultivos. Como su mera existencia no era herramienta suficiente para difundir la cultura entre los socios, se organizaron grupos de lectura en voz alta para llevar la instrucción a los propios hogares de los labradores[iii].

Otra de las ideas motrices de “El Despertar”, desde el momento mismo de su fundación, fue lograr pensiones de jubilación para los labradores asociados. En la conmemoración del tercer aniversario de “El Despertar”, año 1911, Ángel Sarmiento, presidente de la sociedad, recoge en su discurso este ideal y objetivo de la asociación: “lograr que los agricultores cuando llegan a la vejez cuenten con recursos que les permitan afrontar los últimos años de su vida con dignidad”. Por entonces se implantaba en Europa el seguro obligatorio para la vejez de los obreros y en España se había creado por un Real decreto de marzo de 1919. Sarmiento, que se plantea la necesidad de llevar al campo “la bondad de la ley del Seguro”, expone sus ideas en El seguro obligatorio del labrador:

Hay que buscar el medio de asegurar una pensión de viudedad y orfandad a la compañera e hijos del trabajador. El pequeño propietario que trabaja sus fincas con otras de arriendo; el casero o arrendatario que no posee otra propiedad que sus brazos; el que posee un predio y tiene que ganar un jornal para sostener el hogar hay que incorporarlos también al Régimen obligatorio del Retiro.

En consonancia con estos planteamientos, la Sociedad de Labradores “El Despertar” se afilia en 1926 a la Caja Asturiana de Previsión Social y logra jubilar a dos socios. Al año siguiente se acuerda la constitución de un Coto Social Forestal que se inaugurará en el año 1932.

La significación y transcendencia de Ángel Sarmiento González en el movimiento agrario de la Asturias del primer tercio del siglo XX se inicia simultáneamente a la fundación de la Sociedad de Labradores “El Despertar” de Corao. Apenas iniciada su actividad sindical, Sarmiento es requerido para organizar sociedades agrícolas y para impartir conferencias que guíen y estimulen el nacimiento de otras nuevas.

El 1º de agosto de 1908 se constituye la Unión de Asociaciones Agrícolas Asturianas, reunida por primera vez en Oviedo. Sarmiento escribe que fue invitado a una “reunión provincial de agrupaciones labriegas” que se celebra en Oviedo, aunque no menciona la fecha. Bien parece que se trata de la reunión constituyente de la unión de asociaciones, pues dice:

Se trazan planes, se señalan caminos a seguir, se habla de redactar un manifiesto programa a seguir para alcanzar el propósito y veo tibieza para ello porque nadie quería exponerse a fracasar en la exposición de ideas. Había que recurrir a algún abogado para que lo hiciese. Me niego a ello; nosotros debemos saber mejor que nadie el rumbo y la marcha que debemos emprender y me ofrezco a redactar yo el manifiesto programa y traerlo a la primera reunión que debíamos celebrar. En la redacción puse todo el calor de mi alma y avisé al presidente cuando lo tuve concluido[iv].

Se hace necesaria una estructura más sólida y es evidente la conveniencia de convertirse en sindicato agrícola para acogerse a los beneficios de la Ley de 1906, por lo que en agosto de 1911 se transforma en una nueva entidad: la Federación Agrícola Asturiana, organización que aglutinó a la mayoría de los sindicatos agrarios de carácter laico y republicano de Asturias. Al poco de constituirse, agrupaba 20 sindicatos agrícolas (con casi 7.000 asociados) de varias tendencias políticas: republicanos, socialistas y reformistas de Melquiades Álvarez. Hasta 1923, tuvo una activa presencia en la defensa de los intereses de los campesinos asturianos, alternando momentos de rápida expansión con otros de grave decaimiento, ocasionados por la actitud individualista de los principales sindicatos de la región, las diferencias ideológicas en su seno, el desarrollo del sindicalismo católico y la escisión de los sindicatos de orientación socialista[v].

En junio de 1915, Ángel Sarmiento había sido elegido vocal de la nueva directiva, que deberá trabajar para asegurar la continuidad de la federación agrícola en un momento de acusada debilidad que reduce los afiliados a 4.430 en 1916. Sarmiento aumenta su protagonismo en la federación y en 1917 expone a su presidente, José Bango, la necesidad de celebrar “un concurso de sociedades agrícolas” y trabajar por la integración en la federación de aquellas que estaban separadas. Ese año se produce la reorganización, con el retorno de la sede de Gijón a Oviedo y la incorporación tan deseada de las asociaciones de Piloña, Pravia y Soto del Barco.

En 1927, con el ascenso a la dirección de la Federación Agrícola Asturiana de Ángel Menéndez Suárez y el apoyo firme de destacados presidentes de asociaciones, se produce la revitalización del movimiento agrario republicano y laico, logrando la máxima representación entre los labradores asturianos. La vitalidad del sindicalismo agrario gallego y su coordinación con el asturiano serán fundamentales en este proceso, fortaleciendo a la federación asturiana que en estos años logra grandes mejoras: el freno a los abusos de las empresas lácteas con constitución del Jurado Mixto de la Leche; la expedición conjunta de ganados a los mataderos nacionales; la obtención de vacunas contra las enfermedades del ganado, a cargo de los fondos del gobierno; la organización de la Caja de Seguros del ganado o la divulgación del cultivo de la avellana. Otros proyectos, como el matadero provincial y el tan anhelado Banco de Crédito Agrícola, quedarán por el camino. La Voz del Labrador, fundada por Menéndez en 1927 y dirigida por Sarmiento desde 1929 hasta agosto de 1931, será el medio de expresión fundamental durante el proceso de reorganización de la federación, realizando enérgicas campañas en favor de los intereses campesinos.

La proclamación de la república coincide con los primeros 25 años de existencia de la Asociación de Agricultores de Gijón, que celebra un mitin en los Campos Elíseos. Sarmiento, que interviene como orador, identifica el advenimiento de la república con la hora de la emancipación y propugna la presencia de los labradores en las instituciones republicanas. A medida que se acercan las elecciones municipales de abril de 1931, la efervescencia política va en aumento y el sindicalismo agrario no es ajeno. En las elecciones del 28 de junio de 1931, los campesinos asturianos forman coalición con los republicanos federales, que presentan por Asturias al eminente abogado y escritor Eduardo Barriobero Herrán, con gran ascendiente entre los anarquistas gijoneses. La renuncia del Partido Reformista de Melquiades Álvarez a tomar parte en las elecciones supone el empujón definitivo, alentado sin reservas desde El Noroeste, para aupar a la candidatura federal-agraria al Congreso de los Diputados de la Cortes constituyentes de la Segunda República, siendo elegidos diputados Barriobero y Emilio Niembro, por los federales, y Sarmiento y Ángel Menéndez, por los agrarios.

La Federación Agrícola Asturiana, que en mayo de 1930 estaba presidida por Ángel Sarmiento con Gaspar Estévanez como vicepresidente y contaba con más de cuarenta asociaciones, vive momentos de intensa actividad y crecimiento: en agosto de 1931, son 47 las asociaciones y 20.000 asociados; en 1932, se llega a las 60 y en 1933, alcanza su cota máxima con 150 asociaciones y 32.000 afiliados, frente a los 6.000 que agrupan, respectivamente, la Federación Asturiana Católico Agraria y la Federación de Trabajadores de la Tierra de la UGT. En 1933 el agrarismo republicano asturiano se encuentra en la cúspide de poder político y los diputados Sarmiento y Menéndez, con Gaspar Estébanez, Valentín Rodríguez, Bernardo Suárez y Manuel Cadierno, entre otros, son los artífices de este éxito.

sarmiento

Ángel Sarmiento González en el año 1931.

Ángel Sarmiento González fue diputado agrario[vi] por Asturias en la primera legislatura de la Segunda República española, entre el 27 de julio de 1931[vii] y el 9 de octubre de 1933. Con su trabajo en el Congreso de los Diputados intentará convertir las luchas de toda una vida en beneficios para la clase campesina.

Su primera tarea se centra en la creación de una granja escuela en Asturias. Para ello propone cambios en el proyecto de la granja que el Estado está construyendo en Grado y que Sarmiento considera anticuado. Recomienda una serie de reformas que permitan convertirla en una “universidad campesina”, la primera de la clase labradora, con estudios “teórico-prácticos de agricultura, arbolado, ganadería, derivados de la leche, cunicultura, avicultura, apicultura, educación para afinar los sentidos y dar buena crianza al campesino en formación; establecer una clase especial para los que se propusieron emigrar a América, internado durante los seis meses de invierno”. Todo son parabienes, pero los propósitos no se concretan y Sarmiento, cansado de insistir, abandona su plan aunque no cejará en el empeño. En 1932, Sarmiento y Ángel Menéndez realizan un ruego a Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción Pública, para la creación de un centro docente en Asturias

para educar a la clase campesina, porque juzgo que el progreso social del campo ha de cimentarse precisamente en una instrucción nueva que borre el pasado, [no en] una educación interesada, beneficiosa solamente para el sostenimiento de un orden social vergonzoso para nosotros y que implicaba la prolongación de la esclavitud de los que trabajamos la tierra [viii].

Los diputados campesinos defienden también la creación de una estación pomológica en Asturias, dedicada a la obtención de variedades de manzana de mesa y de sidra. Ha de ser un centro dedicado a la enseñanza eminentemente práctica, con personal experto al servicio de las organizaciones agrícolas[ix]. Además, Sarmiento forma parte de la Comisión de Agricultura del Congreso, donde realiza sus informes “basados en la vida real y práctica mirando siempre a lo que convenía al país y a la vida real del campesino” lo que le supondrá continuos enfrentamientos con los elementos reaccionarios, defensores de sus intereses. En la comisión aboga por la creación de un Banco Nacional Agrícola, añeja aspiración de los labradores integrados en la federación. En el bienio constituyente de la Segunda República se aprueba la ley de Reforma Agraria, promulgada el 9 de septiembre de 1932, con el voto favorable de los diputados campesinos asturianos, Ángel Sarmiento González y Ángel Menéndez Suárez, aunque no colmaba sus aspiraciones. Sarmiento escribe que pronto conoció

su empalagoso articulado, que dejaba ver el escape de privilegios [en favor de los grandes latifundistas] y que los partidos políticos, más que de otra cosa, se ocupaban de colocar amigos en el Instituto de Reforma Agrario, llegando a la coposa suma de trescientos empleados que cobraban sueldos por ir a las oficinas, sin hacer nada. El fracaso de la Reforma Agraria fue rotundo, por debilidad de los gobernantes.

Realiza alguna petición de carácter local, como la ampliación de la Escuela de Trabajo de Cangas de Onís y traslada una demanda de la Juventud Campesina de Cangas de Onís en defensa de los pastos comunales del Parque Nacional de Covadonga.

Sin olvidar el revés sufrido con la granja escuela, afronta otra iniciativa para que “los labradores, sin lastimar los intereses del Estado y contribuyendo a la riqueza nacional tuviesen un seguro de vejez”. Sarmiento, en el punto álgido de su vida política, eleva a la más alta instancia de la nación una de las reivindicaciones que ha defendido desde aquel lejano 1908 en que fundara la Sociedad de Labradores de Corao: la solución para el problema angustioso de la vejez del labrador sumido en la miseria. Propone al Instituto Nacional de Previsión la creación de Cotos Sociales Forestales de Previsión mediante la plantación de arbolado, pinos principalmente, en terrenos del Estado, diputaciones provinciales, ayuntamientos y de particulares que los tuviesen abandonados. Se crearía empleo y riqueza que garantizaría el cobro de pensiones de vejez por los labradores. Con el beneplácito del Instituto se publica un folleto de divulgación y comienza a organizar la explotación de los cotos recorriendo Asturias para explicar sus ideas. Funda el primer coto de Asturias en Corao, con cuarenta hectáreas de terreno cedidas por Francisco Cortés Pendás, donde pronto crecen más de cuatro mil pinos.

Con Sarmiento volcado en la difusión y propaganda de los cotos sociales, se disuelven las Cortes Constituyentes y deja de ser diputado. Pronto le llegan rumores de que sus enemigos han logrado obstaculizar su obra y de que el Instituto Nacional de Previsión no prestará ayuda a sus propósitos. Se desplaza a Madrid y comprueba la veracidad de los rumores. Desolado, regresa a Asturias donde tiene abiertos dos frentes: en su propio sindicato, fagocitado por la cooperativa de consumos[x] y los intereses económicos orquestados en torno a ella, y en el seno de la Federación Agrícola Asturiana donde una campaña de críticas, orquestada principalmente desde posiciones melquiadistas, sector hegemónico en el agrarismo laico regional, cuestiona la actuación de los dos diputados y busca sustituirles ante la convocatoria de nuevas elecciones. La decisión adoptada a finales de 1932 de crear un partido político, el Partido Campesino Asturiano, es el principal motivo de discordia, quebrando la unidad y debilitando la organización.

En la convocatoria electoral de noviembre de 1933, la Federación Agrícola Asturiana concurre en coalición con otros partidos republicanos, dentro del Bloque Centrista, repitiendo Sarmiento y Menéndez en las listas, pero no logran el acta de diputado. La victoria de la derecha y el predominio de los socialistas hacen fracasar el proyectado partido y el Bloque Campesino Asturiano decide disolverse en 1935 integrándose en Izquierda Republicana, a la que Ángel Sarmiento se afilia el 31 de agosto.

El 17 de julio de 1936 se inicia la guerra civil española. En la mañana del domingo 19 se reúnen las directivas de los distintos partidos y organizaciones obreras del concejo, constituyéndose el Comité del Frente Popular. Sarmiento, apartado de la política, es firme defensor del mantenimiento de la autoridad institucional republicana y se niega a pertenecer a ninguno de los comités que por entonces se forman. Se dedica a recorrer las aldeas pidiendo alimentos para los defensores de la república. Al producirse una renovación municipal regresa al ayuntamiento, donde sólo puede calmar ánimos.

Próximas a Corao las tropas franquistas, Sarmiento es avisado de que sus enemigos le han condenado a muerte. A finales de septiembre de 1937 se traslada con su familia a Gijón, instalándose en casa de su amigo y compañero de luchas agrarias, Gaspar Estébanez, donde pasa unos días. Siendo inminente la caída de Gijón, un amigo de Estébanez se ofrece a llevarlos a San Juan de Nieva, de donde sale esa noche un barco inglés que los traslada hasta La Pallice, en Francia. Ese mismo día son repatriados a España, instalándose en Puigcerdá (Gerona), primera y última parada de su periplo catalán, que incluye estancias en Pi y Bellver de Cerdanya, donde el 16 de diciembre de 1938 fallece Ramona Vallina, suegra de Ángel Sarmiento. Éste se traslada a Barcelona, poniéndose a disposición de la República, encargándole el ministerio de la Guerra el control de los envíos de madera hacia los frentes de guerra de los Pirineos. El 7 de febrero de 1939 la familia de Sarmiento toma el tren del exilio rumbo a Francia. Él todavía permanecerá un tiempo en Cataluña.

Antes de la caída definitiva de Cataluña, Ángel Sarmiento pasa a Francia y, con la ayuda de los masones franceses[xi], se reúne con su familia en Caussade, en el Departamento de Tarn et Garonne. Apenas seis meses después, comienza la segunda guerra mundial, sólo han disfrutado de unos meses de paz. Con la invasión alemana de 1940, se trasladan al departamento de las Landas, donde trabajarán la tierra, lo que les permite no pasar hambre. En esta zona operan grupos de la resistencia francesa y entre ellos uno de refugiados españoles a los que ayudan siempre que pueden.

La liberación de Francia les anima a pensar en el retorno a Asturias, pero el tiempo pasa y la victoria aliada no trae la democracia a España. Ángel Sarmiento recibe desde México un visado de refugiado político y en 1950 se traslada al país azteca con su familia, con excepción de su hija Leonor y su yerno, que lo harán más tarde. En 1957, fallece Leonor Pubillones Vallina, su amada esposa.

Anhelando el fin del franquismo, con su pensamiento puesto en los campesinos asturianos y el dolor de no haber podido dar una carrera universitaria a sus hijos, Ángel Sarmiento González falleció en la ciudad de México el 18 de enero de 1962.

La derrota política de Sarmiento era inevitable. Antepuso sus ideales a los intereses económicos y no quiso crear estructuras basadas en el lucro personal. Al fin, la codicia de los propios socios de “El Despertar” devoró su obra:

Me abrasé en el amor de mis hermanos del terruño. Pretendí alumbrar una fuente en medio del campo donde bebiesen. Me invadía una locura sagrada, una fe espiritual impoluta, tosco y solitario, pensador, quise edificar en una duna y mi edificio se vino abajo ante la indiferencia, el ultraje y la burla de mis propios adoradores.

Francisco José Pantín Fernández

Artículo publicado en: Pantín Fernández, Francisco José & Meneses Fernández-Baldor, María del Carmen, Hombres y Mujeres de Abamia, Corao, Asociación Cultural Abamia – Excmo. Ayuntamiento de Cangas de Onís, 2012, pp. 193-204.

[i] Sarmiento, Ángel y Sierra, Benito, El Despertar. Órgano de la Sociedad de Agricultores del Concejo de Cangas de Onís. (Memoria redactada por la Junta directiva), Corao: Imprenta “El Sella” (Arriondas), diciembre de 1910, p. 17.

[ii] El Popular, Cangas de Onís, 9 de febrero de 1918, año III, núm. 71, p. 2. En el Archivo municipal de Cangas de Onís no se conservan actas de las sesiones correspondientes al año 1918.

[iii] Pantín Fernández, Francisco José, «La Biblioteca de la Sociedad de Labradores ‘El Despertar’», en Las Bibliotecas de Corao, Corao, Asociación Cultural Abamia, 2011, pp. 17-30.

[iv] Cuaderno de memorias de Ángel Sarmiento González. Las demás citas que no incluyen llamada de nota forman parte de estas memorias.

[v] Para un mejor conocimiento del sindicalismo agrario en Asturias, véase: Vega García, Rubén & Viejo González, Manuel Ignacio, Cien años de cooperativismo : historia de la Cooperativa de Agricultores de Gijón : 1906-2006, Gijón : Cooperativa de Agricultores, Consumidores y Usuarios del Concejo de Gijón, [2006].

[vi] En el Congreso, para diferenciarse de los diputados derechistas y terratenientes del Partido Agrario Español, adoptan la denominación de “campesinos”.

[vii] Fecha en la que promete el cargo. Había sido dado de alta el 6 del mismo mes.

[viii] Diario de sesiones de las Cortes Constituyentes de la República Española, núm. 247, 26 de octubre de 1932, pp. 9.130-9.131.

[ix] Diario de sesiones, núm. 233, 9 de septiembre de 1932, p. 8728.

[x] Creada en el año 1911, con la idea de lograr un ahorro para los socios y beneficios para la sociedad agrícola que permitiesen la realización de mejoras sociales. Los intereses particulares y la pérdida de la dirección por Sarmiento y sus fieles, que acarreará su expulsión de la cooperativa en 1934, finiquitan el ideal de redención campesina encarnado en la Sociedad de Labradores “El Despertar”.

[xi] Sarmiento ingresa en la masonería el 13 de enero de 1932. Apenas un mes antes lo había hecho Ángel Menéndez Suárez. Ambos se incorporan a la logia Concordia, de Madrid, y lo hacen con los nombres simbólicos “Jovellanos” y “Costa”. Eduardo Barriobero, su compañero de candidatura electoral y destacado miembro de la masonería española, bien pudo ser su iniciador. En Francia, durante la ocupación alemana, Sarmiento fue interrogado por la Gestapo que investigaba, probablemente por iniciativa de las autoridades franquistas, su pertenencia a la masonería, pero logró ocultar su filiación masónica y quedó en libertad. En diciembre de 1949, a punto de trasladarse a México, causa baja en la logia Libertad núm. 694, de Bayona (Francia).