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En los albores del siglo XX, a los feligreses de la parroquia de Santa Eulalia de Abamia se les plantea un grave dilema: reparar la histórica iglesia de Abamia, que amenazaba ruina inminente, o construir una nueva en lugar más céntrico y accesible.

Testimonios de aquel tiempo nos permiten comprender que el abandono de la antigua iglesia parroquial no sólo estuvo motivado por la quebrantada condición de su fábrica, que podía hallar soluciones arquitectónicas como en similares circunstancias había acontecido en siglos precedentes; sino también por su apartada ubicación, el escabroso camino de acceso que implicaba el paso del río Güeña, y la obligada asistencia a los numerosos cultos religiosos que habían generado una creciente incomodidad en los vecinos de algunos pueblos, a la que no era ajeno el párroco que en el año 1895 no vivía en la rectoral, próxima a la iglesia, sino en Corao.

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D. Manuel Blanco Escandón, fundador de la iglesia de Corao.
Fotografía de Gilardi, 1922.
Cedida por Ildefonso Noriega y Carmen Meneses.

Constantino Cabal lo narra de modo harto grandilocuente en un artículo publicado en Región con motivo de las obras de la nueva iglesia de Ribadesella, promovida, como la de Corao, por don Manuel Blanco Escandón:

Para ir antaño a su misa [a Abamia], tenían que caminar los aldeanos desde las cumbres remotas por entre la espesura de jarales, abriéndose sendero con el chuzo cuando la arremetida de los lobos se lo intentaba cerrar. Quizá cuando llegaban a la iglesia llevaban sangre en los pies, de tanto pisar espinos, y quizá alguna vez sangre en los brazos, de tanto resistir las dentelladas; pero bajaban a misa, con jaras, y con lobos, y con nieves, porque ante el altar decían, con todos los ardores de su fe:

—Aquí está Nuestro Señor…[i]

La crónica local que don Antonio Nava Teleña, maestro de la escuela “Rodrigo Álvarez de las Asturias”, escribiese entre los años 1904 y 1907 para su fundador, don Eduardo Llanos, nos informa, casi de viva voz, de los sucesos vividos en aquél entonces y junto a la prensa local nos permite conocer el proceso de construcción de la nueva iglesia.

Así, de la última celebración de la tradicional festividad parroquial de Nuestra Señora en el templo de Abamia, el 15 de agosto de 1904, última también en armonía y unidad parroquial, dejó escrito lo siguiente:

Buen tiempo. Festividad de la Asunción de Nuestra Señora. Se celebró en la parroquial de Abamia gran función religiosa, en la que había ocho ramos de pan y el sermón del día estuvo a cargo del Magistral de Covadonga, D. José Comas. Por la tarde hubo gran romería en el campo de la iglesia y estuvo sumamente concurrida. Luis Vega Pubillones estrenó una gaita ribera que le trajeron de Margolles (es alumno de esta Escuela con el nº 16) y la tocó acompañando el ramo de pan de Corao al ser conducido a la iglesia[ii].

A finales de ese año, las noticias se encadenan. Un anónimo vecino de Corao, actuando como corresponsal del semanario El Auseva, menciona en la edición del 26 de noviembre la visita de inspección al templo, realizada semanas antes por el maestro de obras del municipio, don Emilio González, ordenada por el alcalde de Cangas de Onís a petición del párroco de Abamia, don Manuel Blanco Escandón, que se hallaba alarmado por el ruinoso estado de la iglesia parroquial[iii]. Conocemos el resultado de dicha visita por la crónica del maestro Nava. Así, en las anotaciones del 1º de noviembre, leemos que don Emilio González, alias Capitel, reconoció la iglesia y declaró que

amenazaba hundirse la bóveda y venirse abajo todo el edificio, pues las grietas de las paredes E., N. y O. van en aumento, efecto de la presión que ejerce la bóveda. Oficiaron a la superioridad que procedía declararla inútil y cerrarla al culto, so pena de que cualquier día ocurra una catástrofe y origine un día de verdadero luto a la parroquia.

Se corrobora este parecer en carta que dirige el párroco a don Sebastián de Soto Cortés, que se ha ofrecido para contribuir a salvar el templo:

Con respecto a la antigua e histórica iglesia de Abamia le diré que según el parecer de dos arquitectos que la examinaron no admite reparación alguna; está toda ella resentida y desgraciadamente por los cimientos.

Le doy las más expresivas gracias por su generoso ofrecimiento: la suscripción como Ud. comprenderá no puede hacerse, pues resultaría inútil[iv].

El día 10 de noviembre de 1904, el cura párroco había cumplido la orden del obispado “de cerrar el templo al culto, de bajar las campanas, de retirar el retablo del altar principal y de trasladar el reservado y demás servicios a la capilla que fuera más conveniente”, en este caso la de San Nicolás en Corao, que queda convertida en parroquial hasta que se resuelva lo que proceda[v]. Al día siguiente, varios vecinos bajaron a Corao las campanas de la iglesia de Abamia, y dos días después, el 13 de noviembre, se celebraba por vez primera la misa parroquial en la capilla de San Nicolás.

Es entonces cuando aflora la enojosa y duradera controversia suscitada entre los parroquianos por el cierre al culto de la histórica iglesia de Santa Eulalia de Abamia: “De los pueblos de Aleos, Cueto, Teleña e Intriago, no asistieron a misa pues al parecer se oponen a que la misa parroquial sea en Corao, temiendo que la nueva iglesia se haga en Corao, como así creo será”, como prudentemente escribe el maestro Nava y no sin fundamento sospechaban los vecinos de dichos pueblos.

La decisión de construir el nuevo templo parroquial en Corao era firme y El Auseva, queriendo informar del mejor modo posible a sus lectores, recoge la opinión de “una apreciable persona de Corao” que por su prestigio e imparcialidad les merece entero crédito:

Cualquiera, aunque no conozca la topografía de la parroquia de Abamia, con solo mirar el mapa verá, que en caso de hacerse nuevo templo, no es aquel sitio el conveniente [Abamia] y sí en el pueblo de Corao.

De once pueblos consta la parroquia y sólo dos salen perjudicados con que en Corao se haga: los otros nueve, unos más, otros menos, reciben beneficio.

Se habló de que en Corao se hacía la nueva obra, por ser el sitio más céntrico; pero además hay muchas razones para optar por que allí sea: el costo de construcción, el acarreo de materiales, solar y campo de iglesia, solemnidad en el culto, facilidad para el servicio parroquial y para cumplir el párroco su misión moralizadora, en Corao se encuentra más conveniente que en ningún otro pueblo[vi].

En un artículo posterior reitera las ventajas de ubicar en Corao el nuevo templo, lo que constituye un paso más en el proceso de persuasión de los feligreses, pues no todos eran favorables al proyecto, procurando, al mismo tiempo, evitar aciagas discordias, pues muchos vecinos estaban abiertamente en contra. Leemos:

Los Srs. de Llanos, donan a la Parroquia todos los terrenos necesarios para el nuevo templo y campo adyacente, lo que dada la majestad de su extensión y sitio que ocupan, es un regalo de importancia. Es de creer que la Parroquia, dando al olvido cuestiones pequeñas e inspirándose en el bien que le reporta, marchará unida y se esforzará por contribuir en lo posible a la pronta erección del futuro templo[vii].

La iglesia se construyó en terreno donado al efecto por doña Amalia Llanos Álvarez de las Asturias, según escritura otorgada ante el notario don Antonio Delago y Segarra en 9 de abril de 1908. Es una donación condicional, como claramente se expresa en las cláusulas 4ª y 5ª, que textualmente dicen:

4.ª Que nunca podrá permitirse a nadie paso ni servicio alguno por el terreno objeto de esta donación y en todo tiempo podrá la familia de Llanos obligar a que sea cumplida esta condición.

5.ª En el caso de que andando los tiempos se pretendiera en cualquier forma y por cualquier clase de autoridad o particular dar otro destino al terreno donado que al que se menciona, podrá la señora donante o sus sucesores incautarse, es decir reivindicar el referido terreno con todos los árboles y edificios en su perímetro comprendidos.

No eran pequeñas las cuestiones suscitadas, pues hecha pública la intención de construir el nuevo templo, se soliviantaron “los ánimos a tal extremo, que se propalan las más absurdas especies. A tal grado de exaltación llegan algunos en sus arrebatos, que el párroco, persona conocidísima y apreciada por sus virtudes y tacto en todo el concejo, ha hecho la renuncia de su cargo”. Pero no todos los comentarios eran absurdos; se dice que se iban a utilizar los materiales de Abamia para la construcción de la nueva iglesia, lo cual hasta cierto punto puede creerse pues se desmontó el cabildo obligando al alcalde, don José González Sánchez, a publicar un bando prohibiendo que se utilizasen los materiales de Abamia en el templo de nueva construcción fundándose para ello en los recuerdos históricos del sitio y en el valor artístico de la antigua parroquial[viii]. Además, se cortaron en el campo de la iglesia de Abamia varios árboles con destino a madera para el cobertizo que se proyectaba hacer en la capilla de San Nicolás, en Corao, lo que ocasionó que varios vecinos de Intriago, Teleña, Cueto e Isongo, denunciaran ante el Juzgado a don Santiago Rodríguez, coadjutor de la parroquia.

El día 25 de noviembre de 1904, apenas quince días después del cierre al culto de la iglesia de Abamia, se convocó una junta parroquial para lograr la aprobación por los feligreses de la decisión de erigir el nuevo templo parroquial en Corao:

El próximo viernes habrá junta Parroquial para tratar sobre el asunto, y andan comisiones de los pueblos perjudicados por los demás pueblos recogiendo firmas para oponerse a la erección de nuevo templo en Corao. ¿Triunfará el sentido común? De sentir es que en asuntos de tan conveniente y clara resolución se mezclen pequeñeces y ruindades que no sirven más que de rémora a los pueblos. Hasta se pretende dar calor político a la cosa. ¿Si no bastándoles con los vivos y muertos que a la política sirven, querrá alguno de los partidos de actualidad apropiarse a la Parroquia de Abamia, a Santa Eulalia?[ix]

De esta tumultuosa junta parroquial, nos han dejado noticia tanto Antonio Nava, en el diario de la escuela, como la prensa local. Aquél anotó un escueto comentario:

Hubo Junta parroquial convocada por orden del Sr. Arcipreste, Cura párroco de Onís, para señalar sitio de emplazamiento para la nueva iglesia por estar cerrada al culto la de Abamia; pero por el mal tiempo no acudió dicho Sr. Arcipreste y así la Junta nada acordó. Hubo disensiones bastante vivas de oposición por los pueblos de Teleña y Cueto-Aleos y algunos otros pueblos (varios vecinos) se oponían a que la nueva iglesia fuera en Corao.

Ese mismo día, el párroco don Manuel Blanco Escandón, sobrepasado por los acontecimientos surgidos, marcha a su pueblo natal “bastante disgustado con el giro que tomaba la cuestión de la iglesia, por mala interpretación de algunas cosas por gente ignorante. Por el camino le dio un ataque nervioso, y creo se halla enfermo de bastante gravedad en su casa antes dicha”, según dejó anotado el maestro Nava. No se reincorporará a su cargo hasta el 19 de febrero de 1905.

El lunes 28 de noviembre de 1904, tuvo lugar en Corao la segunda junta parroquial con la asistencia del arcipreste, que expuso a los allí congregados los motivos de la convocatoria y fin que imponía el estado de cosas. A diferencia de la primera reunión, el debate se desarrolló en tonos más templados y razonables, “y se señaló sitio de emplazamiento para la nueva iglesia en la ería de la Viña”, sita en el pueblo de Corao, levantando acta de ello para remitirla al Vicario Capitular de la Diócesis de Oviedo, “suplicando en la misma se cree una filial para los pueblos de Cueto-Aleos y Teleña o se les conceda por lo menos misa dominical, habilitando al efecto una de las capillas que existen en dichos pueblos. Dicha acta fue firmada por las comisiones de los 11 pueblos de que consta la parroquia”, escribe el corresponsal de El Auseva[x].

Mas no todos quedaron satisfechos con este acuerdo, pues “uno de los días de la semana pasada estuvo aquí el Sr. Arquitecto Diocesano con objeto de reconocer la iglesia de Abamia. Se cree le haya enviado el señor Vicario Capitular por solicitud de algunos no conformes con el criterio sustentado en el informe que dio el maestro de obras del Municipio. Aún no se conoce el informe de dicho Sr. Arquitecto, pero sin meterme en asuntos profesionales, creo poder asegurar, que confirmará el reconocimiento anterior”[xi].

En aquellos días se desocupa la iglesia de Abamia, quitando los altares laterales, que se bajan a Corao con los muebles de la iglesia y de la casa rectoral, y las imágenes de los santos, “depositándolos en casa de los señores Llanos en Corao”. Sin embargo, el altar mayor quedará en el templo antiguo, probablemente por la dificultad que implicaba su desmontaje y por no tener cabida en la capilla de San Nicolás. El traslado concluye el día 15 de diciembre, trasladándose el coadjutor, don Santiago Rodríguez, desde la rectoral de Abamia a Corao, “a la casa de D. Manuel Piney (a) Manuelín del Cura”.

Se celebran, por entonces, las primeras festividades en Corao: “las dos misas parroquiales que en los días de fiesta se celebran en S. Nicolás, las dos las dice el coadjutor, don Santiago Rodríguez, autorizado por el Sr. Vicario Capitular de la Diócesis, por ausencia del párroco”. El día 8 de diciembre, la fiesta de la Purísima Concepción, y el día 10, “por primera vez se celebró la función de Santa Eulalia en Corao, hubo en la capilla de San Nicolás misa solemne; hubo algunos pueblos que no asistieron, como Teleña y Cueto-Aleos, Intriago y Perlleces, de todos los demás pueblos asistió gente”. El conflicto entre vecinos se agudiza, no sólo es la inasistencia al culto de los vecinos de los pueblos citados sino que se producen incidentes, así el 23 de diciembre:

Se dio sepultura en el cementerio parroquial al cadáver fallecido ayer en Teleña, no hicieron funeral y por no sé qué dificultad de nada que surgió, armaron en Abamia los de Teleña y algunos de Intriago un gran escándalo, insultando al Sacristán y hasta al Coadjutor.

Tan enfrentadas eran las posturas que el maestro Nava escribe en su crónica, el día 31 de enero de 1905, lo siguiente: “Teleña y Cueto Aleos siguen en rebeldía con la cuestión de la iglesia. Hace días nació un niño en Teleña y no se bautizó por la iglesia, le bautizaron en casa y seguidamente al Registro civil”. Y el 27 de mayo añade, que intentaron hacer en Covadonga el funeral de una fallecida en El Cuetu Aleos “pero al parecer no lo han podido conseguir”.

Acontecimientos como estos motivarán el comentario con que Antonio Nava cierra sus anotaciones del año 1904:

Estos dos últimos meses fueron fecundos en acontecimientos para esta parroquia con la cuestión de cerrarse al culto la ruinosa iglesia de Abamia. Sobre esto se habla y es el tema de todas las conversaciones en cualquier reunión y podemos decir es la comidilla o plato del día. Hay sabrosos comentarios y para todos los gustos. Los pueblos perjudicados (Cueto Aleos y Teleña) censuran duramente al Cura y vecinos de Corao, a aquél llegaron a echarle en cara yerba y leña que le regalaron y otras lindezas por el estilo. Otros pueblos como Isongo e Intriago y algunos vecinos de Corao-Castillo y Perlleces se sienten molestados sin saber por qué, puesto que salen ganando; pero ellos seguirían perjudicados con tal que Corao no se ensalzara demasiado; así resultará que habrá que hacerles el bien a la fuerza. Hay que excluir de la monomanía a algunos vecinos de Isongo e Intriago que van con la corriente moderna y reconocen el bien social y están conformes con lo hecho.

El nuevo escenario: la parroquia en Corao.

Los vecinos han vuelto los ojos hacia Corao donde se construirá el nuevo templo parroquial, celebrándose los oficios en la capilla de San Nicolás de Bari, pero su escasa capacidad impide su normal desarrollo. Se piensa en construir un cobertizo anexo que acoja a los asistentes a las funciones religiosas, descartándose la idea en favor de la construcción de una iglesia provisional de madera, la llamada “iglesina”, que permitiera albergar la feligresía de la parroquia de Abamia. De su construcción, en apenas tres meses, tenemos cumplida noticia por la crónica del maestro Antonio Nava. Así, el 1º de mayo de 1905 escribe:

El día 25 de abril pasado se dio principio a las obra de tendejón o iglesia provisional que se proyecta hacer en Corao en la ería de la Viña en la finca y propiedad de D.ª Amalia Llanos, de la cual hizo ella donación para sitio de la iglesia definitiva que más tarde se hará. [valoradas en 5 o 6.000 pesetas aproximadamente] El pueblo de Corao y otros de la parroquia contribuyeron con sus yuntas al acarreo de materiales y otros dieron madera, piedra, cal, etc.

El 3 de junio concurrieron gran parte de los vecinos de Corao para ayudar a poner la teja al techo del templo provisional y unos días después:

Se subieron y colocaron las campanas a la torre o campanario del templo provisional; sonando enseguida un pequeño repique que hizo salir a la mayor parte de los vecinos de su casa, produciendo muy buen efecto, pues en el rostro de todos los presentes se pintaba la alegría; pero esa alegría que impresiona y llena de tierna emoción, en este mismo día formando contraste con el anterior acontecimiento.

El 11 de junio es el “primer día que se toca la oración del alba y a misa parroquial en Corao con las campanas que antes estaban en Abamia” y el día 17 “el párroco bendijo la nueva capilla o iglesia provisional y al oscurecer gran repique de campanas con voladores” inaugurándose al día siguiente el templo provisional con misa solemne en honor de San Antonio, asistiendo a dicho acto más de 300 personas.

Emilio Fernández González, en un artículo publicado en El Auseva, se refiere a esta “iglesina”:

En esta iglesia provisional, se rinde culto, entre otros santos, a Santa Rita, el día 22 de mayo, cuya fiesta va en crescendo gracias a las gestiones hechas por el reverendo cura párroco don Manuel Blanco Escandón. A San Antonio, solemne fiesta religiosa y profana que se celebra el domingo siguiente al día 13 de junio. Con las cuentas de esta solemnidad corre el mayordomo, que a la par que sacristán de la parroquia, lo es don Benito Castaño.

Unos días antes o después de esta función, según caiga la Cuaresma, alta o baja, se celebra otra no menos solemne llamada la Fiesta Sacramental, o mejor, la celebración del Corpus. El día 15 de agosto, como puede verse en los programas que todos los años se expenden, se celebra la función más solemne de la parroquia, y acaso del concejo, sobre todo en lo que se trata de rendir culto a Terpsicore, llamada de Ntra. Sra. de Abamia, de los ingresos y gastos de esta solemnidad lleva cuenta su administrador don Estanislao Álvarez Pubillones.

Y por fin, se celebra otra función célebre el día 10 de diciembre, que cuando el tiempo lo permite también es muy concurrida. Se dirige a Santa Eulalia, patrona de la parroquia y del Obispado. Su Administrador, que lo es don Enrique Fernández y González, corre con sus gastos e ingresos, lo mismo que los administradores de las demás solemnidades[xii].

De todas estas festividades irá escribiendo breves reseñas el maestro Nava en la crónica de la escuela. Así dice, que el 26 de junio de 1905, “por primera vez se celebró la fiesta Sacramental en Corao, en la nueva capilla o templo provisional. Concurrió mucha gente y la procesión bajó por la Calle del Agua, Bolerina, por la carretera arriba, volviendo a dar la vuelta a la antigua capilla de San Nicolás hasta el Templo provisional”. De Nuestra Señora, el 15 de agosto, hasta entonces nexo de unión parroquial en torno a Santa Eulalia de Abamia, escribe:

Por primera vez se celebró la función religiosa de Nuestra Señora en el Templo provisional de Corao. Hubo 6 ramos de pan, dos de Corao, uno de Intriago, otro de Coraín y Paroro, otro de Soto, otro de Perlleces y Celorio; no han traído ramo los de Isongo, Corao-Castillo, Teleña y Cueto-Aleos. La romería o fiesta profana fue en el Castañedo frente a esta Escuela, hubo muchísima gente, más que nunca en Abamia, mucha animación, violín, gaitas riberas dos y el manubrio de Pulido de suerte que había música para todos los gustos; la gente estuvo muy formal y el orden no se alteró en lo más mínimo. Se observó que había menos borracheras que en años anteriores. Las niñas tuvieron su ramo de rosquillas, las de Corao e hicieron su merienda en el Castañedo. Los ramos de pan se subastaron delante de esta Escuela al pie de la romería.

La construcción en Corao del nuevo templo parroquial

El 2 de julio de 1906, se dio inicio a la construcción del nuevo templo parroquial, así lo refleja Antonio Nava en su crónica:

Buen tiempo. A las 2 de la tarde el repique de campanas y el estampido de gruesos palenques, anunciaban al pueblo que se iba a dar principio al acto de cavar los cimientos del nuevo templo y el preciso momento el vecino de Corao, Estanislao Álvarez (a) Calal dio las primeras fesoriadas y más tarde varios vecinos de Corao y pueblos cercanos empezaron a abrir cimiento. La alegría y la emoción consiguiente se reflejaban en los rostros de todos los allí presentes.

Los preparativos habían comenzado antes, pues el 30 de noviembre de 1905, Antonio Nava, anota que hacía días que se estaban dando barrenos en el peñón de Sobre la Viña, para destinar la piedra a la construcción del nuevo templo y poco después añade que se estaba acarreando piedra de la cantera del otro lado del río con el mismo fin, labor que se prolongará durante meses. El 21 de abril de 1906, Emilio González (a) Capitel, había hecho el replanteo del nuevo templo, señalando el sitio donde se habían de cavar los cimientos, aunque el mal tiempo y los trabajos agrícolas habían impedido el inicio de las obras.

El 3 de julio, varios canteros ponen las primeras piedras de los cimientos del templo que para finales de mes están casi acabados y a principios de agosto Nava escribe: “En el cimiento del nuevo templo, después de terminar la parte que se emplea piedra sola o sea en seco, ya se principió a sentar piedra con cal, dándole la primer corta para sacarlos a nivel de tierra”.

Y por segunda vez se celebra la festividad de Nuestra Señora en Corao, según cuenta Nava:

Buen tiempo. Se celebró en este pueblo la función de Nuestra Señora, hubo misa solemne con música y voladores. La procesión hizo el recorrido de costumbre en la que iban 7 ramos de pan, dos de Corao, uno de Intriago, uno de Corao Castillo, uno de Coraín, uno de Celorio y otro de Soto. Isongo, Teleña y Cueto Aleos se negaron a dar ramo. La romería fue en el Castañedo delante de la Escuela, donde se subastaron los ramos y hubo mucha animación y gran armonía; no se vieron borrachos ni hubo el menor desorden.

A finales de mes, las obras del templo adelantan, “pues ya está fuera el cimiento y hacia el altar mayor y sacristías ya levantaron un metro la pared. Después de terminar el Peñón, principian a sacar piedra más arriba en Las Cuevas y en la finca propiedad de D. José de Diego, de Corao Castillo”, según Nava, sacándose piedra también de los peñones de Solacueva y Solaviña.

El día 9 de septiembre de este año 1906, a las tres de la tarde, el obispo de Oviedo, don Francisco Javier Baztán y Urniza, bendijo la primera piedra. Antonio Nava anota lo siguiente:

De regreso de Covadonga, vino aquí el Sr. Obispo a bendecir el nuevo templo en construcción y colocó una piedra angular en que se encerró una acta firmada por varios vecinos y algunas monedas acuñadas en el año actual. Asistió muchísima gente de Corao y pueblos comarcanos. También asistió el Arcipreste y el clero parroquial de casi todo el arciprestazgo. Los niños de esta Escuela asistieron por indicación del maestro.

Los trabajos se ven interrumpidos durante los primeros meses del año 1907, estando la obra paralizada. El último día de junio escribe Nava:

Hoy trajeron de Covadonga, la grúa con su cable y demás accesorios, empleada en los trabajos de la catedral de Covadonga, y aquí prestará servicio en la construcción de las obras del nuevo templo. Fue comprada con tal objeto por el Sr. Cura Párroco, D. Manuel Blanco Escandón, pagándola de su bolsillo particular.

La escasez de fondos era palpable, llegando a rifarse, en varias ocasiones, xatas compradas por el señor cura o donadas por particulares, durante las ferias y fiestas de Nuestra Señora. La construcción de la iglesia consumió la fortuna del párroco, exigió frecuentes sacrificios a los feligreses y precisó de la periódica colaboración de los cientos de emigrantes residentes en América a través de suscripciones como las que publica El Aldeano en febrero, junio y diciembre de 1913, iniciadas por Leandro Llanos, Ángel Trespando y Benito Gelot, respectivamente[xiii].

Los trabajos avanzaban con dificultad ante la falta de medios y personal: a finales de julio de 1907 sólo trabaja un cantero en el desbaste de piedra; a finales de agosto son dos “haciendo pared” y a finales de septiembre, que es cuando se interrumpe la crónica del maestro Nava, la situación había mejorado un tanto: “Las obras del nuevo templo continúan; trabajan dos mamposteros al asiento, un labrante y dos peones. En este mes subió la pared un metro en redondo, excepto la fachada principal en la que no se hizo nada ni en las torres”. Constantino Cabal, en el artículo citado, ofrece una imagen muy potente de estas penurias, refiriéndose al empeño indomable de don Manuel Blanco por terminar la obra:

Y luego, por la noche iba a las obras, y picaba la piedra, y la ponía, y amasaba la cal, y la ponía… Y era como si Dios Nuestro Señor bendijera las piedras y la cal; y se elevaban los muros, y era como si Dios Nuestro Señor los fuera desparramando, y levantando, y abriendo debajo de sus manos milagrosas…! Cuando el dinero faltaba para pagar los jornales, trabajaban de balde dos obreros:

El señor cura, de noche. Y Dios, de noche y de día…!

Con dificultades e interrupciones, dada la magnitud y el costo de la obra, continuaron los trabajos. En junio de 1912, El Aldeano publica una gacetilla en la que dice que en el mes pasado se han reanudado y que a juzgar por la actividad “es casi seguro que muy pronto estará concluida la mano de cantería, excepción hecha del cuerpo superior de la torre que aguardará tiempos más venturosos a no ser que un golpe de gracia e inesperado, se anticipe a impulsar la construcción de la totalidad de la obra”[xiv]. Un año después, anuncia que se comenzó la colocación del techo de la iglesia y que las dificultades económicas que impedían la edificación de la torre habían quedado orilladas, iniciándose los trabajos de construcción[xv]. La techumbre se terminó el día siete de agosto de 1913[xvi].

Por entonces se especulaba que la fecha de apertura del nuevo templo, sería en breve plazo “dado lo adelantados que se hallan los trabajos de construcción”, pero tardaría aún dos años en ser inaugurado, lo que no sería óbice para que en la tarde del día 8 de junio de 1914, con motivo de la celebración de la fiesta sacramental y después de rezar el rosario, se organizase una procesión alrededor de la nueva iglesia “cabiéndoles la honra a las jóvenes Josefa Luengo, Pilar Dago, Encarnación Castaño y María Luisa Vega, de ser las primeras en introducir en el nuevo templo la imagen de la Virgen”. Concluida la procesión, don Manuel Blanco pronunció, por primera vez, la plática en la nueva iglesia[xvii].

Poco después, El Aldeano publica una relación de las cantidades donadas para la construcción de la puerta principal de la iglesia, por los vecinos de la parroquia de Abamia, no figurando aportaciones de Teleña ni El Cuetu Aleos. En total, 627,55 pesetas[xviii].

Recibió un último impulso en forma de subvención de 1.000 pesetas concedida por el Gobierno de España, como publica El Aldeano:

Según nuestros informes, el Gobierno ha concedido una subvención de mil pesetas para la continuación de las obras de la nueva Iglesia de Corao. Felicitamos por ello al Sr. Cura párroco D. Manuel Blanco y celebraríamos que en el próximo año venidero le concediesen otra subvención de la cantidad necesaria para terminar definitivamente las referidas obras[xix].

Pese a ello, un par de meses después, se habla, nuevamente, de la falta de recursos económicos para terminar la iglesia y se encarece a don Manuel Blanco “la necesidad de bendecir una de las capillas laterales, del nuevo templo, abriéndole al culto, como es deseo de los feligreses de la parroquia, los cuales, están cansados ya de las incomodidades que ofrece la capilla provisional que actualmente sirve de Iglesia parroquial”[xx]. Un mes después, el párroco dará completa respuesta a esta petición con la inauguración de la nueva iglesia.

Inauguración de la iglesia de Corao

El domingo 15 de agosto de 1915, nueve años después del inicio de las obras, de aquellas primeras “fesoriadas” que diera Calal, se inauguró, al fin, el nuevo templo parroquial en Corao, aunque la iglesia, en cuanto obra de cantería, no estaba completamente concluida, pues el campanario se hizo de madera. Pudo entonces cesar el inacabable recorrido, casa a casa, de don Manuel Blanco repitiendo a sus feligreses la frase en que se concentraba su ilusión: “¡Acordaos de la Iglesia…!”

Se había bendecido la víspera, a las seis de la tarde, y el día de Nuestra Señora se celebró la primera misa, como leemos en una revista de La Habana (Cuba):

El domingo, a las siete de la mañana se celebró la primera Misa en el nuevo templo, diciéndola el digno párroco señor Escandón, que dio la comunión a un buen número de fieles que quisieron tomar parte en la inauguración y a la vez honrar a su patrona, cuya fiesta celebraban.

Luego se celebró la función en honor de la Virgen, figurando en la procesión muchos y muy hermosos ramos[xxi].

Luz Álvarez Alonso, hija de Calal, nos refirió en su día la efectista puesta en escena desarrollada en la inauguración:

Aquel día, como en años anteriores, se oficiaba la misa con motivo de la festividad de la Asunción de Nuestra Señora en la “iglesina”. Llegado el momento, se salió en solemne procesión, que entonces se hacía ordenadamente, a diferencia de los tiempos actuales, y que no recorría todo el pueblo, sino que se doblaba donde Casa Gelot para regresar a la iglesia. Al llegar la cabeza de la procesión a la “iglesina”, se encontró con las puertas cerradas, aglomerándose las personas que la formaban, a la espera de los sacerdotes, que venían al final de aquella. Entonces, don Manuel Blanco Escandón, se adelantó en dirección al nuevo templo, y llamó a las puertas. En el interior esperaba doña Amalia Llanos, benefactora de la parroquia y donante de la finca donde se ubicaba la nueva iglesia, quien respondió a la llamada del párroco abriendo las puertas de par en par y dando paso a los feligreses al que desde entonces es templo de la parroquia de Santa Eulalia de Abamia.

Y añade:

El día antes, aprovechando que el vecindario se encontraba celebrando la h.oguera en la Bolera, se trasladaron los santos desde la casa de los señores Llanos, a la iglesia, por encima de la ería de la Viña, evitando ser vistos.

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Procesión de Nuestra Señora, poco después de 1915. Fotografía cedida por Ignacio Cuervo.

Relato que no difiere en exceso de la crónica de aquel día que El Aldeano, en su último número, nos ha dejado:

A las once se organiza la procesión que partió de la capilla provisional, haciendo el recorrido de costumbre con una concurrencia quizás no superada por ninguno de los años anteriores. Franquea a la procesión las puertas de la nueva Iglesia D. Eduardo Llanos. La procesión entra y es recibida por femeniles voces que a coro entonan religiosos cánticos desde una tribuna. Nuestra vista se dirige a este lugar y descubre a un ramillete de bellas jóvenes: Ludivina Castaño, Amalia Sánchez, Pepita Luengo, Celina Miyar, Belarmina Fernández, Covadonga Castaño, Santa Martínez y Pilar Caso las cuales declaramos sinceramente que dieron realce a la primera y solemnísima función religiosa celebrada en la nueva Iglesia.

En la misa ofició el Sr. coadjutor de la parroquia D. Jacinto Lara ayudado por los Srs. párrocos de Labra y de La Riera, ocupando la cátedra sagrada el celoso párroco de Abamia D. Manuel Blanco, el cual hondamente emocionado por la satisfacción que sentía al ver llegado el día, después de nueve años de activos trabajos y de las consiguientes amarguras, de abrir al culto la nueva Iglesia; recordó las luchas que tuvo que sostener cuando se cerró al culto la histórica Iglesia de Abamia, dedicó un cariñoso recuerdo a los que habían ayudado a la construcción del nuevo templo, expresó con sencillez y elocuencia lo que la Iglesia significa para el hombre respecto de Dios, y manifestó que al ver realizada la obra del nuevo templo nada más ansiaba acá en la tierra[xxii].

La iglesia de Corao, de diseño historicista según planos del arquitecto Nicolás García Rivero, presenta nave única, crucero y cabecera cuadrada flanqueada por dos sacristías, cubriéndose los tres tramos de la nave con bóveda de cañón, reforzada por arcos fajones, y el crucero, con bóveda de arista. La portada principal, de arco de medio punto con arquivoltas lisas, está orientada al mediodía[xxiii]. En el nuevo templo, se instalaron los retablos bajados de la iglesia de Abamia, ocupando los santos que fabricase Antonio Fernández Tonín sus lugares correspondientes[xxiv].

Durante la Guerra Civil Española, la iglesia de Corao fue utilizada como cárcel y aunque el edificio no sufrió graves quebrantos, desaparecieron las campanas y los retablos e imágenes que habían sido de Abamia fueron destruidos, salvándose, únicamente, el retablo de San Antonio, aunque con desperfectos. Recompuesto, hoy lo contemplamos en la capilla mayor de la iglesia parroquial. Humildísimo testigo del afán engrandecedor de Abamia que en el siglo XVIII animase al párroco Miguel González Villarmil y a sus feligreses.

A principios de los años sesenta del siglo XX, se construyó la torre del campanario para colocar las campanas que tañen en la actualidad, ofrecidas por Antonio del Dago, natural de Coraín y emigrante en América. El periodista Diego Carcedo dio cuenta en un artículo del feliz acontecimiento:

El día veinticinco de marzo corrió el rumor de que llegaban las campanas. Los niños de la catequesis acudieron presurosos y espontáneamente a recibirlas. A las siete y media en punto entraron a la parroquia donde fueron recibidas con una salva de gruesos palenques y un ensordecedor griterío de los pequeños que en masa se subieron al camión que las traía acompañándolas hasta la iglesia donde eran esperadas por gran número de curiosos. El párroco estaba emocionado. Para colocarlas vino expresamente desde Meruelo, Santander, el constructor de las mismas don José Ortiz Alonso. Y a subirlas hasta la torre acudieron gran parte de los hombres. A las tres de la tarde del día veintiocho ya se hallaban colocadas. La inauguración oficial se realizó en la tarde del Jueves Santo convocando ya a los fieles para los oficios propios de ese día[xxv].

Las campanas fueron donadas por los hermanos “Don Manuel y don Antonio del Dago Fernández, hijos de don Antonio y doña Benigna”, según consta en la inscripción grabada en las mismas. Se culminaba así, casi medio siglo después, la construcción de la iglesia.

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Vista aérea de la iglesia de Corao, hacia 1980.

Don Manuel Blanco Escandón, entregado a una obra que había absorbido su atención y consumido toda su actividad durante nueve años, predicó el sermón inaugural de la nueva iglesia de Corao, en el que se trasluce el deseo de terminar con la división parroquial que había provocado el abandono de Abamia, con las consecuencias por todos conocidas, pidiendo que quedasen a un lado pasadas amarguras y los corazones rebosasen de júbilo y alegría:

Hæc domus Dei est et porta cœli.= Esta es la casa de Dios y la puerta del Cielo. Es una verdad promulgada por el mismo Dios, que tras las alegrías y goces de la vida vienen siempre, siempre, las tristezas, agonías, luto y llanto de la muerte. Y es una verdad, así mismo, confirmada por la experiencia, que tras la más grande de las tempestades viene la bonanza; tras el terrible huracán que, tronchando seculares robles y derrumbando los más sólidos edificios va sembrando la muerte y el espanto por doquiera, viene la tranquilidad, la calma. Verdad esta última que tiene perfecta aplicación a la fiesta que hoy nos reúne. Pasó, sí, pasó la tempestad; pasó el terrible huracán que arrancó de cuajo la paz de esta histórica y piadosa parroquia. Pasaron aquellos infaustos días de luto y muerte; pasaron aquellos días fatídicos que llenaron vuestro corazón de la más amarga amargura, y el mío del mayor de los desconsuelos: pasó todo, como todas las cosas humanas pasan. Y llegó el día de la bonanza, llegó el día de la tranquilidad, el día feliz en que podemos ofrecer al Dios, tres veces santo, este humilde templo, fruto de vuestros heroicos sacrificios[xxvi].

Con sus palabras concluyo esta pequeña historia sobre la construcción de la centenaria iglesia de Corao, no sin antes agradecer a Montse Sierra, Pepa Vega, María José Teleña, Luis Vega y a D. Manuel, la confianza que han depositado en mí para la realización de este artículo. También quiero agradecer a Tomasa Álvarez, Ignacio Cuervo y Yolanda Sobero su colaboración y la de todos los vecinos y amigos que a lo largo de estos años me han permitido reunir documentos e imágenes, sin los cuales este folleto no hubiese sido posible. Un recuerdo entrañable para D. Manuel López Fernández, recientemente fallecido, para todos los feligreses que ya no están con nosotros, y para mi padre, Francisco Pantín Castro, bautizado y funerado en esta iglesia ya centenaria.

Francisco José Pantín Fernández

Artículo publicado en Centenario de la Iglesia de Corao : 1915-2015, Corao, Parroquia de Santa Eulalia de Abamia / Ayuntamiento de Cangas de Onís, 2015, pp. 5-30.

[i] Real Instituto de Estudios Asturianos, signatura BVPH_02, Región, Oviedo, año V, núm. 1.413, de 6 de diciembre de 1927, p. 1.

[ii] Biblioteca Pública Jovellanos, Padre Patac, signatura B.A. 2-14/13(1-2). Nava Teleña, Antonio, Libro de las observaciones astronómicas de la Escuela D. Rodrigo Álvarez de las Asturias. Corao (Cangas de Onís). Reproducción del original manuscrito.

[iii] Archivo privado de don Celso Diego Somoano, en adelante Archivo CDS, El Auseva, Cangas de Onís, año XIV, núm. 713, 26 de noviembre de 1904, p. 2. El periódico de esta fecha repite la numeración del antecedente.

[iv] Archivo CDS. Carta de don Manuel Blanco Escandón a don Sebastián de Soto Cortés, fechada en Corao el 1º de abril de 1905. No hubo voluntad de salvar Abamia de la inminente ruina, pero es cierto que la catástrofe, de continuar utilizando la iglesia en el estado en que se encontraba, era muy probable. Por las anotaciones del maestro Nava sabemos que a finales de diciembre de 1906 nevó copiosamente, alcanzando la nieve en el llano de Corao una altura aproximada de 25 centímetros. El último día del año, escribe: “Con este temporal de lluvias y nieve empieza a desmoronarse la iglesia de Abamia, por la parte del campanario se hundió gran parte de la bóveda y techumbre, causando desperfectos de consideración en la tribuna y la grieta de la parte del E., hacia el cementerio aumentó considerablemente”.

[v] Véase nota 3.

[vi] Íd.

[vii] Archivo CDS. El Auseva, Cangas de Onís, año XIV, núm. 715, Cangas de Onís, 10 de diciembre de 1904, p. 2.

[viii] Íd, núm. 713, de 22 de noviembre de 1904, pp. 2-3.

[ix] Véase nota 3. Aunque pareciera existir contradicción en las fechas, en realidad no existe pues El Auseva publica una carta anterior a la celebración de la junta parroquial.

[x] Archivo CDS. El Auseva, Año XIV, núm. 714, Cangas de Onís, 3 de diciembre de 1904, p. 2.

[xi] Véase nota 7.

[xii] Archivo CDS. Fernández González, Emilio, “El pueblo de Corao”, artículo aparecido en El Auseva, Cangas de Onís, año XIX, núms. 950, 951 y 952 de 12 de junio, 19 de junio y 26 de junio de 1909.

[xiii] Archivo privado. El Aldeano, año II, Corao, núm. 24, de 15 de febrero, p. 2; núm. 33, de 15 de junio, p. 3 y núm. 52, de 25 de diciembre de 1913, p. 3.

[xiv] Íd, año I, núm. 8, de 15 de junio de 1912, p. 7.

[xv] Íd, año II, núm. 34, de 25 de junio de 1913, p. 3.

[xvi] Íd, año II, núm. 39, de 15 de agosto de 1913, p. 3.

[xvii] Íd, año III, núm. 69, de 15 de junio de 1914, p. 2.

[xviii] Íd, año III, núm. 72, de 15 de julio de 1914, pp. 1-2.

[xix] Íd, año IV, núm. 101, de 5 de mayo de 1915, p. 3.

[xx] Íd, año IV, núm. 108, de 15 de julio de 1915, p. 3.

[xxi] Asturias : revista gráfica semanal, La Habana, Centro Asturiano de La Habana, núm. 60, de 19 de septiembre de 1915.

[xxii] Archivo privado. El Aldeano, año IV, Corao, núm. 112, de 25 de agosto de 1915, pp. 2-3.

[xxiii] Gran Atlas del Principado de Asturias, Oviedo, Nobel, [1996-2001], tomo 8, artículo “Cangas de Onís”, p. 145.

[xxiv] Ls figuras de Don Pelayo y sus lugartenientes, incluido el caballo del rey, se colocaron en la capilla de San Nicolás, donde, según recuerda Luz Álvarez Alonso, se colaban los niños entre las rejas para subirse a lomos del caballo. Esta capilla sufriría un lastimoso abandono, que terminaría en la década de los años cincuenta con su derribo para construir la Casa de Higiene Rural, la que hoy conocemos como “Casa del Médico”.

[xxv] Diego Carcedo, José Manuel, La iglesia de Corao estrena campanas, abril de 1961. Recorte de periódico del que ignoro más datos.

[xxvi] Archivo parroquial de Santa Eulalia de Abamia. Sermón que predicó en la nueva iglesia parroquial de Abamia el día de la inauguración (15 de agosto de 1915) el fundador y Párroco de la misma D. Manuel Blanco Escandón, Cádiz, Taller Tipográfico, San Miguel, 6, [s. a.]