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Ludwigsburg, Alemania, 23 de mayo de 1813 — Corao, 22 de junio de 1887. Dibujante, anticuario, arqueólogo y montañero. Colaborador del obispo Sanz y Forés en el engrandecimiento de Covadonga.

Conocido como “el alemán de Corao”, este personaje polifacético elevado a la categoría de mito, ha exaltado la imaginación de muchas personas que se han acercado a él mediante la lectura del esotérico libro de Mario Roso de Luna, El tesoro de los lagos de Somiedo y de la críptica necrológica que el gran cacique asturiano, Alejandro Pidal y Mon, le dedicase en el Congreso de los Diputados madrileño[i]. Ya Gumersindo Laverde y Ruiz, en carta dirigida al polígrafo Menéndez y Pelayo, había calificado de “tipo original” al famoso director de las obras que el obispo Sanz y Forés hacía en Covadonga, del que dice “hace una vida singular y excéntrica”[ii]. Redunda en este sentido el ya citado Pidal cuando escribe que su originalidad lo mismo se prestaba a la admiración que al ridículo y el respeto a la muerte le veda tratar la parte cómica de “sus extraordinarias teorías y aventuras de sus inverosímiles narraciones”[iii], dejando abierta la puerta a la fantasía.

Extranjero, rico y bien relacionado, además de excéntrico y original, el impacto de su llegada a Corao a finales del año 1854 debió ser colosal, aunque la amistad forjada en Madrid con algunos de los hidalgos cultos del concejo y una visita anterior, atenuarían la sensación de extrañeza entre los vecinos. Pronto sus múltiples aptitudes y variadas actividades habrían de despertar la curiosidad de los lugareños que tan pronto lo encuentran adquiriendo tierras, realizando excavaciones arqueológicas en busca de nuestro pasado prehistórico, si bien con desafortunados métodos, o explorando los macizos de los Picos de Europa, que tanto habrían de recordarle los Alpes tiroleses tan próximos a su Ludwigsburg natal.

RobertoFrassinelli1Roberto Frassinelli Burnitz.
Fotografía: Manuel de Hebert. Madrid. Publicada por Antonio Pérez Pimentel en Asturias paraíso del turista.
Archivo: Francisco José Pantín Fernández.

En esta ciudad palaciega del Reino de Wurttemberg nació Robert Bartholomäus Carl Frassinelli Burnitz un 23 de mayo de 1813[iv], en el seno de una familia de funcionarios al servicio de los soberanos. Fue su padre Franz Bartholomäus Frassinelli, “Küchenmeister” y “Maitre d’Hotel” del palacio real. Natural de Trento, su apellido denota su inequívoca procedencia italiana pero no debemos ignorar que la capital de la provincia de Trentino fue territorio austriaco hasta la Primera Guerra Mundial.

Su madre, Friederike Wilhelmine Caroline Burnitz, era hija de otro alto cargo real, Carl Friedrich Burnitz, y de su primera esposa, Ana Leise. El parco conocimiento que hemos adquirido de la familia materna de Roberto Frassinelli nos deja entrever la importancia que tuvo en su formación y status social, aparentemente más relevante que la difusa influencia paterna. Las segundas nupcias del abuelo Burnitz con Barbara Meng dieron a Frassinelli dos tíos, el comerciante Carl Friedrich Burnitz von Ludwigsburg y el arquitecto Rudolf Burnitz. Ambos contraerán matrimonio con las hermanas Auguste Wilhelmine y María Sophia Salzwedel, hijas del rico farmacéutico de Frankfurt Peter Salzwedel. Serán padres, respectivamente, del pintor Peter Burnitz y del abogado y arquitecto Heinrich Rudolf Burnitz, primos, por lo tanto, de Roberto Frassinelli. En esta nómina, aparecen ya algunos de los elementos que configuran la vida y personalidad de Frassinelli: la relevancia social y económica de su familia y la formación universitaria y artística de sus miembros.

En el semestre de verano de 1831, Frassinelli comienza sus estudios de medicina en la Universidad de Tubinga, hospedándose en casa del ebanista Zimmer, donde coincide con el gran poeta del romanticismo alemán Hölderlin.

Los Decretos de Carlsbad (1819) habían implantado la supervisión gubernamental en las universidades y prohibido las asociaciones estudiantiles para impedir la propagación a los estados alemanes de los movimientos revolucionarios liberales que se sucedían Europa. Cuando Frassinelli se incorpora a la universidad acaba de producirse la revolución de Tubinga, sofocada rápidamente, y existen varias fraternidades secretas, incluyendo la de los Feuerreiter o Jinetes del Fuego a la que se une y en la que participa activamente. En Tubinga permanece hasta el semestre de invierno de los años 1832-1833, supuestamente, pues en ese curso también figura inscrito como alumno de medicina en la Universidad Ingolstadt-Landshut de Munich[v]. Se traslada a esta ciudad junto a su compañero de estudios, el futuro escritor Berthold Auerbach, para alejarse de la creciente presión política que se vive en Tubinga donde su fraternidad decide adoptar una dirección revolucionaria que no comparten.

El fracasado Asalto a la Guardia de Frankfurt (3 de abril de 1833) provoca una oleada de detenciones y en junio de 1833 Frassinelli y Auerbach son arrestados en Munich como miembros de la fraternidad de Tubinga. Tras los interrogatorios, se les ordena presentarse ante las autoridades de la ciudad universitaria. Las prisiones judiciales del castillo de Tubinga están abarrotadas de estudiantes de la fraternidad en prisión preventiva acusados de alta traición.

En 1836 se dicta la sentencia definitiva contra Frassinelli por su participación en los acontecimientos revolucionarios de 1833 en Frankfurt, siendo hallado culpable de participación “distante” en tentativa de revuelta y condenado a prisión militar en Hohenasperg, en su Ludwigsburg natal, computándosele parte de la pena por la ya cumplida mientras se sustanciaba el juicio. Recobrada la libertad emprende un viaje por Europa, visitando Italia y Francia, para recalar enseguida en España donde Juan Álvarez Mendizábal acababa de realizar la desamortización de bienes eclesiásticos que lleva su nombre, una oportunidad única para marchantes y anticuarios que pudieron adquirir a precios irrisorios muchos libros y objetos artísticos de los monasterios desamortizados.

A Roberto Frassinelli, recién expulsado de su país, joven políglota y culto, España se le presenta como un panorama excitante que le permitirá acceder a tesoros escondidos, para poseer unos y comerciar con ellos los más. Seguramente habrán sido muchos los bienes culturales sacados de España por Frassinelli, aunque pocos son los conocidos y en este caso por su excepcional valor. Nos referimos al Beato de Magio y a las tablas flamencas pintadas por Petrus Christus y el taller de Rogier van der Weyden. Quienes han estudiado algunos de estos valiosos bienes no han ahorrado la crítica indignada a la participación de Frassinelli en esta pérdida cultural para España, pero no podemos obviar que si bien muchos libros y objetos de arte engrosaron las bibliotecas y museos públicos, otros muchos se perdieron en manos de particulares, ignorantes de su valor[vi].

El cronista asturiano Fermín Canella escribe en la necrología que dedicó a Roberto Frassinelli que era un bibliógrafo consumado, conocedor del griego y el latín, y lo compara, grande es la loa, a Brunet y Gallardo. Dice que “casi al peso distinguía las ediciones; con ojo rápido hallaba los incunables y las preciosidades de la bibliografía; dándose el caso, a veces, de ocultarle los colofones de muchas obras, de cualquier género que fuesen, para acertar de punto con la fecha y el impresor”.

Cargado con sus lápices y pinturas, Frassinelli recorrió la España de la desamortización, dibujando sus monumentos y comprando joyas bibliográficas y artísticas. Quien sabe si el Leopoldo Frassinelli que Caveda cita como autor de los dibujos de los hermosos capiteles de San Román de Hornija, no fuese otro que nuestro Frassinelli, camino quizá de San Miguel de Escalada en la vecina provincia de León, donde arribó un buen día presentándosele la oportunidad de cambiar su reloj de plata por el beato de Magio. El manuscrito se encontraba muy deteriorado en sus márgenes, pero fue una adquisición afortunada. Intenta primero su venta en España, mas no encuentra a nadie que pague el alto precio que pide. Prueba luego con coleccionistas extranjeros que no quieren adquirirlo sin verlo antes, por lo que recurre al profesor de la Facultad de Letras de Burdeos, Francisque Michel, que lo ofrece infructuosamente a la Biblioteca Real de París. Al fin, el coleccionista Guglielmo Libri acepta la compra, pagando los 1.040 francos que solicita Frassinelli.

Escribe Canella que en Madrid gozó de la íntima amistad de Pedro José Pidal, Valentín Carderera, el Marqués de Morante, Agustín Durán o Pascual Gayangos, todos ellos bibliófilos y alguno bibliopirata, a los que Frassinelli proporcionó algunas de las rarezas bibliográficas logradas en sus andanzas anticuarias pues, como escribe Alejandro Pidal y Mon: “pocos son los que no legaron á sus herederos, como recuerdo del dulce y sabio alemán, algún incunable, alguna tabla flamenca, algún dibujo que aclaró la borrosa inscripción ó la confusa figura labrada por artístico cincel en los siglos medios sobre los monumentos de la patria”. También Felipe de Soto y el propio padre de Canella, entre otros en Asturias, adquirieron libros raros y curiosos gracias a su intervención.

Fermín Canella sitúa a Frassinelli en Asturias por primera vez por los años 1839 y 1840, acompañando a un erudito diplomático, y dice que “quedó prendado de estas pintorescas comarcas”. Hacia 1845 tenemos nuevas noticias de su vinculación con Asturias. Ramón Rodríguez Álvarez, al referirse a los libros de los suprimidos conventos de Corias y Santo Domingo en La biblioteca de la Universidad de Oviedo, dice que “se hallaban amontonados en una habitación de las oficinas del jefe político” y siendo necesario darles un destino había que “proceder enseguida a reconocer escrupulosamente los que deban conservarse para la Biblioteca, vendiéndose aquellos que por su poco mérito e inutilidad no merezcan destinarse a la ilustración del público”. Frassinelli se interesó por ellos, “obligándose a satisfacer o en todo caso dar en recompensa los que a gusto de los mismos individuos se le exijan”. Y añade que los libros que se le venden o cambian, eran

de teología escolástica y muy raros los que dejan de estar inútiles y estropeados, contando ya la Biblioteca Provincial hasta con duplicados de los mismos, y que se conceda al referido alemán tomar los que crea convenirle, por cuanto se ha efectuado un detenido y escrupuloso examen por espacio de más de dos meses y recogido los que podían tener algún interés histórico u otro objeto curioso[vii].

Canella cifra en 3.500 las publicaciones modernas y caras que Frassinelli proporcionó a la Universidad de Oviedo. Quizá de esta estancia sea la vista exterior de San Miguel de Lillo dibujada por Frassinelli, fechada en 1847 y publicada tiempo después en la magna obra Monumentos Arquitectónicos de España[viii]. Ese mismo año, Frassinelli adquiere, en una subasta realizada por la Biblioteca Nacional de España, unos 4.000 volúmenes procedentes de los conventos suprimidos, no todos en buen estado y completos[ix].

A finales de octubre de 1854, Roberto Frassinelli se avecinda en Corao. El 16 de dicho mes, él y Benito Miyar le escriben una carta a Pedro de Cangas, donde Frassinelli dice que “todas nuestras conversaciones se reducen a hablar de Corao” y le anuncia su llegada para el día 29. Así se lo comunica Benito de Llanos a sus hermanas Eulalia y Teresa el día 28: “El alemán D. Roberto Frasinelli, cumplió su propósito: le esperamos mañana, o pasado, en ésta con toda su familia, y 150 arrobas de equipage: hoi no puedo adelantaros más noticias sobre este inesperado y singular suceso”. Apenas unos días antes había contraído matrimonio en la parroquia madrileña de San Esteban con Ramona Díaz Mariño, natural de Santiago de Juvencos, en Galicia. Seguramente habría de acompañarles en ese viaje Friederike Burnitz, madre de Frassinelli, que murió en Corao el 31 de enero de 1857[x].

RobertoFrassinelli2

Ramona Díaz Mariño, esposa de Roberto Frassinelli.
Fotografía: Eduardo Blasco. Puerta del Sol, 4, Madrid.
Archivo: Felisa Arduengo Miyar.

El establecimiento de Roberto Frassinelli en Corao fue un inesperado y singular suceso, pero no incomprensible pues ya conoce el lugar y sabe que esta pequeña aldea asturiana se halla a los pies de los Picos de Europa, como el tantas veces dibujado Partenkirchen a los de los Alpes bávaros. Canella escribe que cuando se avecindó en Corao, lo hizo “por su proximidad a las majestuosas montañas de Covadonga y para vivir cerca de sus buenos amigos Felipe de Soto Posada y Benito Miyar y Con, deudo del malogrado Antonio Miyar”. En carta a su primo Eduardo Llanos, Sebastián de Soto Cortés mencionaba su interés por los dibujos de Frassinelli, ya fallecido, y aludía al viaje que había hecho a Corao con Benito Miyar:

En cierta ocasión que yo compré a su viuda ciertos obgetos pregunté con interés por ellos y me contestó que no los conservaba, y no recuerdo bien si me dijo los habían recogido los testamentarios que habían venido de Madrid, o habían ido por otra parte. Recuerdo entre otras cosas un pequeño libro que contenía muchos apuntes tomados durante el famoso viage que hicieron desde Madrid a Corao él y Miyar montados en un jaco y un borrico como D. Quijote y Sancho; había bastantes estudios de las iglesias bizantinas con que habían tropezado en Castilla y estaban hechos con la exactitud de detalles que daban clarísima idea de aquella arquitectura a que D. Roberto era tan aficionado[xi].

Nada tendría de extraño que la amistad con estos personajes naciese del comercio anticuario al que el alemán se dedicaba en sus primeros años en España, pues uno era bibliófilo y el otro librero. Con Benito Miyar y Con forjó una rotunda amistad, transcendente en la historia de esta particular familia que ha aportado a Asturias personajes como Basilio Sobrecueva, los hermanos Ismael y Roberto Miyar —relojeros todos— y la fotógrafa Benjamina Miyar. La famosa librería de Miyar, ubicada en la céntrica calle del Príncipe, era punto de reunión de cangueses en Madrid.

Frassinelli no se retira en Corao ni se aísla del mundo convertido en anacoreta. Los primeros años se procura una posición como terrateniente adquiriendo numerosas fincas, entre ellas lugares emblemáticos como la cueva de Cuh.erreru, popularmente llamada cueva del Cuélebre, y la posesión de Las Mestas, en Orandi (Covadonga). De manera paralela, denuncia algunas explotaciones mineras que no debieron serle de gran utilidad. Se involucra en la vida del concejo y es nombrado comisario de caminos del mismo. Se inscribe en las listas electorales que dan derecho a elegir y ser elegido diputado a Cortes y lo hace, según se deduce del Boletín Oficial de la Provincia de Oviedo, en calidad de arquitecto[xii]. En 1862 se inaugura la nueva iglesia de San Cristóbal de Pintueles (Cabranes), edificada por iniciativa del matemático Joaquín María Fernández Cardín y para la que Frassinelli ha diseñado los altares, y ese mismo año responde a la encuesta sobre enseñanza agrícola, señalando la necesidad de potenciarla en Asturias:

[…] la excesiva población, esencialmente dedicada a la agricultura, necesita más que ninguna de las provincias hermanas del auxilio de la ciencia para aumentar las producciones de un limitado suelo; su carácter dócil y laborioso, se presta como ninguna a escuchar la voz de la enseñanza, a imitar las mejoras que vea puestas en práctica y en la numerosa clase de sus propietarios, diseminados en sus aldeas, posee un poderoso agente para adoptar y propagar las nuevas ideas y luces que de un establecimiento de esta clase se difundan sobre el país[xiii].

Enamorado de la grandiosa naturaleza asturiana, pronto los Picos de Europa se convierten en “su verdadero teatro”, como sentidamente escribió su amigo Alejandro Pidal en su necrología. Es el escenario por el que

renunció á todas las ventajas de la vida para sumir su alma en la contemplación de aquellas bellezas sublimes, que sólo se pueden comprender en todo el encanto de sus misterios internándose y como perdiéndose allá en los laberintos sin término de aquellas torres de piedra, de aquellos bosques impenetrables, de aquellos lagos solitarios, de aquellas cuevas gigantescas que pueblan aquella región inaccesible á todo ánimo temeroso, á toda planta insegura, á todo espíritu, en fin, menos tocado del amor irresistible á lo infinito que embargaba al ilustre alemán[xiv].

Un escenario recreado en sus cuadernos de dibujo que, como escribe Canella, guardan

las elevadas cordilleras, los abismos profundos, las cascadas, las rocas con las nieves perpetuas, las praderas, los bosques, las cabañas y todos los sitios pintorescos de la sierra de Priena, Biforco, puertos de Cangas, Lago Enol, los picos de Cornión, Peña Santa, los puertos de Onís, el Cantón…[xv]

Muchos de estos dibujos, algunos quizá de los reproducidos en revistas alemanas, forman parte del Album Monumental Astur, regalo a Alfonso XII con motivo de su visita a Covadonga y conservado en la colección del Palacio Real. Otros forman parte de la colección reunida por Maximino Blanco del Dago en el Museo de la cerámica y los relojes Basilio Sobrecueva.

La presencia de Frassinelli hace de Corao un lugar de parada obligatorio para todo viajero culto interesado en el arte y la arqueología asturiana. Así, probablemente en 1860[xvi], descubre el dolmen de Abamia junto a Manuel de Assas, con el que había colaborado en el Álbum artístico de Toledo (Madrid, 1848), y José Amador de los Ríos, que visita Asturias para seleccionar los monumentos que habrían de aparecer en los Monumentos Arquitectónicos de España y para investigar la poesía popular asturiana[xvii]. Los dibujos de Frassinelli, que Alejandro Pidal y Mon calificase de “fotografías de lápiz” y que según Canella parecían “grabados en acero”, convencieron a Amador de los Ríos de la idoneidad del alemán para ejecutar buena parte de las láminas publicadas sobre Asturias en dicha obra. Así, la Cámara Santa, Covadonga, San Miguel de Lillo, Santa Cristina de Lena y Santa María de Villamayor testimonian la participación de Frassinelli en este ambicioso proyecto de la Escuela Superior de Arquitectura.

Cuando en 1871 Juan de Dios de la Rada y Delgado realiza su expedición arqueológica al norte de España y visita en Corao la cueva del Cuélebre, Frassinelli ya ha sido reconocido como miembro de la comunidad científica española; el 29 de enero de 1866 había sido nombrado académico correspondiente de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y el 19 de junio de 1868 de la Academia de la Historia. Apenas unos días antes, había remitido a Madrid, para el recién creado Museo Arqueológico Nacional, del que era director Amador de los Ríos, el ortostato con grabados del dolmen de Abamia, junto con otros objetos. Es vocal de la Comisión de Monumentos históricos y artísticos de Oviedo, socio del Instituto Arqueológico de Roma y a Corao llegan honores, siendo nombrado Comendador de la Orden de Isabel la Católica y condecorado con la Cruz de Francisco José de Austria.

El 29 de junio de 1872, el obispo Benito Sanz y Forés visita por primera vez Covadonga. Su sorpresa ante el triste cuadro que contempla es conocida y también la titánica labor que desarrolla en el engrandecimiento del santuario, en colaboración con Roberto Frassinelli y el canónigo Máximo de la Vega, sus hombres de confianza durante nueve años, en los que restauraron la Santa Cueva y dieron inicio a la basílica, además de realizar una multitud de obras menores. El arquitecto Luis Menéndez Pidal, restaurador de Covadonga tras la guerra civil, quiso destacar, por encima de opiniones controvertidas, “la gran sensibilidad de Sanz y Forés y de Frassinelli por las bellezas de la naturaleza y del lugar histórico de la Cueva, haciendo de ella un templo natural abierto”[xviii].

La implicación personalísima del obispo en el proyecto de transformación de Covadonga y la elección de Frassinelli como arquitecto y director de las obras generaron una controversia que arreció al iniciarse la construcción de la basílica. Así, el 26 de noviembre de 1877, dos semanas después de haber bendecido la primera piedra, decía en carta el Sr. Sanz y Forés a D. Roberto Frassinelli: “Parece que nos querían buscar cuestión los de la sociedad central de … [arquitectos] por los planos y dirección de la obra”[xix].

No ha sido posible dilucidar hasta el momento si Frassinelli fue o no fue arquitecto y mis datos tampoco permiten zanjar el asunto. Que el alemán consideraba la arquitectura como su profesión resulta evidente, pues como arquitecto se inscribe en las listas electorales, de su testamento se trasluce y como tal actúa en Covadonga ejecutando planos y dirigiendo la obra. Cabe la posibilidad de que con posterioridad a 1833, hubiese aprendido el oficio con su tío materno Rudolf Burnitz (1788-1849), prestigioso arquitecto de principios del clasicismo y el historicismo.

Los planos del nuevo templo, obra monumental y simbólica, centran una polémica irresoluta. En la correspondencia de Sanz y Forés con Frassinelli, que Méndez Mori transcribe parcialmente en su biografía del cardenal, figuran constantemente. En un ejemplar de esta obra, que se halla en la Biblioteca de la Universidad de Oviedo, figura la siguiente anotación manuscrita: “Estos planos y otros documentos del Sr. Frassinelli se hallan en poder de D. Ángel Sarmiento vecino de Corao (Cangas de Onís) el cual los muestra con gusto a quien desee verlos”. En carta de 12 de noviembre de 1881, el obispo felicita a Frassinelli por la aprobación de los planos “en aquellas clásicas regiones”, en alusión a Alemania. Apenas seis días después, Sanz y Forés es promovido al arzobispado de Valladolid y los dos amigos, forasteros llegados de lejanas tierras y enamorados del histórico sitio de Covadonga que han exaltado con pasión durante nueve años, ceden su lugar a personajes menos heterodoxos.

A los 68 años, Roberto Frassinelli abandona la febril actividad desarrollada en Covadonga y se retira a Corao para dedicarse a sus asuntos. Nada se clarea de los últimos años de su vida, pero sabemos que el año anterior a su muerte regresa a Alemania, pues en julio de 1886 su ahijado Roberto Miyar le escribe a Frankfurt.

A mi buen amigo Celso Diego Somoano, que tanto me enseñó sobre la historia del concejo de Cangas de Onís, debo algunos datos relativos a su herencia, que aclaran en parte la pérdida y dispersión de sus dibujos y documentación, pero que introducen un nuevo enigma en su vida.

En 1855, recién instalado en Corao, realiza testamento ológrafo por el que nombra heredera única de todo cuanto poseía, fuese en España como en Alemania, a su esposa Ramona Díaz Mariño, pero a su fallecimiento apareció otro, otorgado en 1887, radicalmente distinto en el que sólo le manda una pensión vitalicia de 2.500 pesetas anuales, nombrando único y universal heredero al comerciante alemán radicado en Madrid Federico Schaefer al que legó, además de su capital en Alemania y las fincas que poseía en Corao y Las Mestas,

todos los libros, librerías, dibujos, utensilios para ídem, herramientas, cuadros al óleo, estampas y armas de fuego y además todo lo que constituye los efectos de la profesión como medidas e instrumentos de medir y cuanto se halle en el despacho particular del testador, sin extraer cosa alguna.

Y si dicho heredero le antecediese en su fallecimiento, manda que el legado recaiga en Vicente García, cura de Santa Eulalia de Coya (Piloña). Las razones que llevaron a Frassinelli a desheredar a su esposa son prosaicas, pero comprender qué representaron en su vida estos nuevos herederos añade otra incertidumbre a su fragmentaria biografía.

La viuda no se conformó con la última voluntad de Frassinelli y apeló el testamento, conviniendo con Schaefer la partición por mitad de todos los bienes del difunto. Como consecuencia de este acuerdo, Ramona Díaz Mariño puede legar a su buen amigo Enrique García Ceñal todos los cuadros, pinturas y dibujos que le habían correspondido, contraviniendo la manda de Frassinelli a Schaefer. Este legado de la viuda tampoco se cumplirá de forma absoluta, pues muchos de los dibujos y documentos del alemán fueron heredados por Leonor Pubillones Vallina (hija de Ramona Vallina Coro, ahijada del matrimonio Frassinelli) y por su sobrina Manuela Díaz, esposa del relojero Roberto Miyar y madre de la fotógrafa Benjamina Miyar.

Leonor Pubillones será, con el tiempo, la esposa del líder agrario Ángel Sarmiento González. La quema de su casa familiar durante la Guerra Civil y la desaparición del archivo de los Miyar al fallecer Benjamina, ocasionarán la pérdida y dispersión de los papeles de Roberto Frassinelli difuminando, aún más, su legendaria personalidad.

Roberto Frassinelli Burnitz falleció en su casa de Corao a las tres de la mañana del día 22 de junio de 1887 y se le dio sepultura en el viejo cementerio de Abamia. Allí permanecieron sus restos, participando de la ruina que asoló el histórico lugar durante décadas, hasta su traslado en el año 1977 al interior de la iglesia de Santa Eulalia, donde hoy reposa.

Francisco José Pantín Fernández

Artículo publicado en: Pantín Fernández, Francisco José & Meneses Fernández-Baldor, María del Carmen, Hombres y Mujeres de Abamia, Corao, Asociación Cultural Abamia – Excmo. Ayuntamiento de Cangas de Onís, 2012, pp. 103-116.

[i] Abundan los escritos dedicados a Roberto Frassinelli y algunos son canónicos para su conocimiento: las necrologías de Alejandro Pidal y Fermín Canella, la conferencia de José Manuel Gómez-Tabanera publicada en el núm. 92 del Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, El Tesoro de los Lagos de Somiedo de Mario Roso de Luna y la biografía que Mª Cruz Morales Saro publicó con motivo de la celebración del centenario de su fallecimiento. En este breve bosquejo biográfico he procurado obviar lo redundante para añadir algunas, escasas, líneas más a su semblanza.

[ii] Aguilera, Ignacio, Epistolario de Laverde Ruiz y Menéndez Pelayo, 1874-1890, edición, notas y estudio de…, Santander, 1967, volumen 2, p. 679.

[iii] Pidal y Mon, Alejandro. Discursos y artículos literarios, Madrid, Imprenta y Fundición de M. Tello, 1887, pp. 351 a 360.

[iv] Morales Saro, Mª Cruz, Roberto Frassinelli, el alemán de Corao, Gijón, Silverio Cañada, 1987, p. 23.

[v] Freninger aus München, Franz Xaver, Das Matrikelbuch der Universitaet Ingolstadt-Landshut-München, Munich, 1872.

[vi] El erudito Antonio Rodríguez-Moñino esboza el desolador panorama de aquellos tiempos en su artículo “El manuscrito con pinturas Ashburnham, 17” (Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, tomo LVII, Madrid, 1953), donde analiza el recorrido del manuscrito que contiene el tratado de San Ildefonso, De perpetua virginitate beatae Mariae, citando a Frassinelli, “medio corredor, medio agente, medio librero”, como posible autor de su sustracción y venta en el extranjero. En 1848, el Estado aún está vendiendo en Asturias como papel viejo libros de la biblioteca del convento de Corias.

[vii] Rodríguez Álvarez, Ramón, La Biblioteca de la Universidad de Oviedo : 1765 – 1934, Oviedo, Universidad de Oviedo, 1993, p. 91.

[viii] Sobre la participación de Frassinelli en esta obra, véase Morales, Mª Cruz, “Dibujos de Roberto Frassinelli para los Monumentos Arquitectónicos de España”, en Boletín nº 18 de la Fundación Museo Evaristo Valle, Gijón, junio de 1988.

[ix] Martín Abad, Julián, Catálogo bibliográfico de la colección de incunables de la Biblioteca Nacional de España. ISBN: 978-84-92462-12-4, vol. I, p. XLII.

[x] Entre las partidas de defunción de la parroquia de Santa Eulalia de Abamia correspondientes al año 1857 aparece la de esta señora, que dice así: “Febrero 3. Corao. D.ª María Federica Burnist (sic), viuda de D. Ramón Bartolomé Frasineli (sic). En el día tres de febrero año de mil ochocientos cincuenta y siete yo D. Domingo Rivero Frera cura ecónomo de la parroquia de Santa Eulalia de Abamia, en el concejo de Cangas de Onís en Asturias, en dicho día di sepultura eclesiástica en el cementerio parroquial y en su primer tramo al cadáver de D.ª Federica M.ª Burnist, viuda de D. Ramón Bartolomé Frasineli, la difunta es oriunda de la ciudad de Stuttgart en el Reino de Alemania y avecindada en el pueblo de Corao de esta parroquia: falleció el treinta y uno de enero del próximo pasado mes; en edad de setenta y tres años, un mes y veinticuatro días. No recibió ningún sacramento por no haberme dado ningún aviso y según estoy informado falleció de accidente. Era hija legítima de D. Carlos Federico Burnis (sic) y de D.ª Ana Leise, naturales de Stuttgart, en Alemania. Dejó por hijo legítimo y del expresado su marido a D. Roberto Frasineli (sic) marido de D.ª Ramona Díaz vecinos de Corao; en el mismo día se le hicieron las exequias funerales de entierro, tercer día y cabo de año con arreglo al funeral de primera clase que eligió dicho su hijo D. Roberto, y para que conste lo firmo. Domingo Rivero y Frera”.

[xi] Carta fechada en Gijón el 19 de junio de 1902. Este viaje pudo haberse realizado en el año 1850, cuando sabemos que Benito Miyar visita su Corao natal.

[xii] No conozco el documento concreto, pero en el boletín número 27 de fecha 15 de febrero de 1864, p. 4, leemos que se excluye a Frassinelli de las listas “por no haber presentado el título de arquitecto”. Apenas dos meses después, Frassinelli dio poder a Juan de Dios Miguel Vigil, procurador de la Audiencia Territorial de Oviedo, para que apelase el fallo y practicase cuantas diligencias fuesen precisas hasta conseguir que se le incorporase en las listas como antes lo estaba.

[xiii] Utanda Moreno, Luisa & Feo Parrondo, Francisco, “La enseñanza agraria en Asturias en la segunda mitad del siglo XIX: la encuesta de 1862 y las conferencias agrícolas”, en Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos, Oviedo, 1996, núm. 148, pp. 205-230.

[xiv] Vid. nota 3.

[xv] Canella y Secades, Fermín, “Don Roberto Frassinelli”, noticia necrológica publicada en El Carbayón. Diario asturiano de la mañana. Oviedo, Año IX. Número 1922. Lunes, 4 de julio de 1887.

[xvi] Al respecto de los dólmenes de Abamia existe cierta confusión que no es exclusiva de los tiempos actuales, sino que ya alcanzaba al mismísimo Sebastián de Soto Cortés. El ortostato con grabados enviado por Roberto Frassinelli al Museo Arqueológico Nacional no formaba parte del dolmen que el Conde de la Vega del Sella sitúa a escasos veinte metros de la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, sino de otro que «fue hallado al hacer una cárcoba en finca de esta casa por José García Teleña (a) Rechavala, en el sitio llamado «Llanos de Riaño» en punto que distará próximamente 500 metros de la Escuela, y está en trasversal intermedia de los Ktros. (sic) 6 y 7 de esta carretera; a la margen izquierda del río Güena. Calcúlase que hará unos 38 o 40 años que fue encontrado», según escribe Leandro Llanos a su tío Eduardo el 21 de julio de 1902.

[xvii] En 1861 publica su obra Romances tradicionales de Asturias, donde subyace la colaboración del alemán y seguramente de alguno de sus ilustres vecinos, como eran los Soto, los Llanos y los Cortés, pues la mayor parte de los poemas proceden de informantes de Cangas de Onís.

[xviii] Menéndez Pidal, Luis, La Cueva de Covadonga, Madrid, Espasa Calpe, 1956, p. 133.

[xix] Méndez Mori, Paciente, El Emmo. Sr. Cardenal Sanz y Forés, Oviedo, Imprenta La Cruz, 1928, p. 244.